Ramón Cáceres Vásquez

 

 

Ramón Cáceres nació el 15 de diciembre de 1866 en la comunidad de Estancia Nueva, Moca, República Dominicana. Fue político, Presidente y Ministro de Guerra y Marina. Sus padres fueron Manuel Altagracia Cáceres, quien al momento de ocupar la presidencia de la república fue mandado a matar por Ulises Heureaux; y la señora Remigia Vásquez. Contrajo matrimonio con Narcisa Ureña Valencia.

Biografía

Desde su juventud se dedicó a los servicios del trabajo agrícola, en el cual pudo mejorar su crianza de ganado bovino. Su padre quien era un gran político dominicano, seguía la ideología baecista; Cáceres nunca mostró cierto apego a las actividades políticas del país, hasta que su primo Horacio Vásquez le informó acerca de los planes de Lilís, en el cual se decía que éste había ordenado su ejecución. Debido a éste acontecimiento, Cáceres decidió formar parte del grupo que ejecutó a Lilís el 26 de julio de 1899 en la carretera de Moca.

Después de la muerte de éste tirano, Vásquez estableció un gobierno provisional en la ciudad de Santiago, del cual Cáceres pasó a ser Ministro de Guerra y Marina. Después de la renuncia del Vicepresidente de Lilís, Vásquez convocó la Asamblea Plenaria, poniendo como presidente de la república a Juan Isidro Jiménez. Cáceres renunció de su cargo, y luego fue nombrado en Santiago como Delegado en el Cibao. Con el triunfo de Jiménez, Cáceres pasó a ser Gobernador de Santiago.

Durante el gobierno de Carlos Felipe Morales Languasco de 1903 a 1905, Cáceres fue Vicepresidente. El 29 de diciembre de 1905 tras el golpe de estado a Carlos F. Morales Languasco, Cáceres queda como presidente del país, y en 1906 gana la presidencia de la república. Durante su mandato se firma el Modus Vivendi de 1905 y la Convención de 1907. Debido a que hubo muchos sectores que no apoyaron su gobierno, se formaron diversos complots en su contra, y el 19 de noviembre de 1911, un grupo dirigido por Luis Tejera intercepto el coche donde solía pasear con uno de sus ayudantes y el cochero.

Cuando el coche en que paseaba Ramón Cáceres se acercaba al grupo, se produjo un tiroteo. El presidente Cáceres recibió varios disparos que le arrebataron la vida. El general Luís Tejera fue conducido a la Fortaleza Ozama y fusilado.

Gobierno de Ramón Cáceres

Llegada de Cáceres a la presidencia:

Asciende al poder el 29 de diciembre de 1905, a los 39 años convirtiéndose en unos de los presidentes más jóvenes, tras el golpe de Estado al presidente Carlos Morales Languasco. Ramón Cáceres dirigió los grupos horacistas que contribuyeron a la caída del gobierno de Morales Languasco. De esta manera el país volvía a ser controlado por el sector horacista.

Al momento de Ramón Cáceres, asume el poder, el país se encuentra en medio de una crisis política y económica. La deuda del Estado alcanzaba grandes proporciones. Cáceres en un mensaje dirigido al Congreso en 1906 propuso:

Revisar la Constitución y actualizar las leyes que regían la administración pública.
Estimular la inmigración de extranjeros.
Incrementar el apoyo a la educación.

Ratificar lo establecido en el Modus Vivendi como una forma de poder pagar la deuda externa y preservar la independencia.

Para el presidente Cáceres lo prioritario era pagar la deuda externa. Desde que inició su gobierno gestionó acuerdos con los Estados Unidos realizando un plan de ajuste mediante el cual negoció la deuda. Dichas negociaciones culminaron con un nuevo préstamo por la suma de $20 millones de dólares. Como contrapartida se firma un acuerdo financiero llamado Convención Dominico-Americana en mayo de 1907.


Esta Convención ratificaba el acuerdo de 1905 y sus estipulaciones fueron:

El 50% de los ingresos de las deudas iría a un banco de Nueva York.
El 5% para el pago de los empleados.
El 45% se le entregaría al Gobierno dominicano.

El Modus Vivendi de 1905 y la Convención de 1907 constituyen los dos grandes acuerdos financieros de gobiernos dominicanos con el Estado norteamericano. Mediante los mismos, República Dominicana pierde la independencia económica.

Además de lo acordado, se establecía que el Gobierno dominicano no podría modificar las importaciones y exportaciones, ni aumentar su deuda sin el consentimiento del Gobierno norteamericano. También las autoridades de ambos Gobiernos le daría protección al Receptor General De Aduana. Con este convenio quedó lesionada la soberanía dominicana. Gran parte de la población se opuso a este acuerdo.

Ramón Cáceres con el propósito de fortalecer los controles del Poder Ejecutivo, logró que la Asamblea Constituyente hiciera los cambios siguientes a la Constitución:

Anular el cargo de vicepresidente.
Ampliación del período presidencial a seis años.
Se suprimió el Consejo de Secretaría de Estado.

Los gobernantes provinciales dejaron de tener el control militar en sus provincias y sus funciones quedaron reducidas al plano civil.

Se creó una cuenta especial en el presupuesto denominado Cuenta para Generales a las órdenes del presidente de la República.

Con todas estas medidas, Cáceres buscaba mantener el control político y militar del país.

Desde los inicios de su gobierno, Cáceres al igual que sus antecesores, tuvo que enfrentar grupos que buscaban derrocarlos. Uno de los focos guerrilleros más importante que se produjo fue el de la Línea Noroeste, con los jimenistas Desiderio Arias y Demetrio Rodríguez, quienes mantenían el control absoluto de la zona.

Para hacer frente a esta situación, Cáceres se trasladó a Monte Cristi con sus tropas y asesores militares. Prácticamente devastó esa zona, concentrando el abastecimiento de alimentos en determinados lugares y ordenando el traslado del ganado al interior del Cibao en un plazo de 20 días.

Parte de la población se sometió a las medidas, otros emigraron. Las actividades agrícolas y ganaderas se vieron afectada. Sin embargo, el presidente Cáceres logró controlar a losa insurrectos. Usó los mismos métodos en la región sur, logrando reprimir a los caudillos de esa zona.

Una de las tácticas usadas por Cáceres era la de enviar emisarios a los lugares donde los caudillos regionales tenían mayor fuerza, con la instrucción de que se reunieran en un lugar neutral para lograr un acuerdo de paz. Esta reunión era una encerrona, los caudillos opositores, allí presentes, finalmente eran rodeados por el ejército y eliminados del camino.

Durante el mandato de Mon Cáceres se dio mucha importancia a los asuntos militares. Creó un ejército profesional a fin de sustituir a los ejércitos particulares que dirigían diversos caudillos regionales.

Junto a este ejército, reorganizó la Guardia Rural creada durante el gobierno de Morales y la convirtió en fuerza policial para todo el país, llamándola Guardia Republicana, también llamada popularmente como Guardia de Mon. Se caracterizaba porque imponía su autoridad y le era fiel al Presidente.

En su gobierno, Cáceres hizo grandes inversiones en obras de infraestructura, tales como:

Construyó un nuevo ramal del Ferrocarril Central Dominicano.
Construyó puentes y carreteras.
Construyó escuelas, se calcula que de 200 que existían, aumentaron a 526.

Por otra parte, aumentó las líneas telegráficas y organizó el correo, reorganizó la administración del país, creó la Dirección de Obras Públicas, estableció en el país la primera institución de crédito: el Royal Bank of Canadá.

En cuanto a la agricultura, se preocupó por desarrollarla e incentivarla, creando así, la primera Escuela Agrícola, en la ciudad de Moca; también promulgó la Ley de Franquicias Agrícolas, en la cual declaraba como prioridad del Estado todas las inversiones que significaban el desarrollo de la agricultura.

Promulgó un decreto exonerando de impuestos de exportación y fabricación al azúcar que se produjera en el país. Además, favoreció a los inversionistas extranjeros, especialmente a los estadounidenses, a los cuales no solo se les exoneraban de pagos de impuestos, sino que se les concedían tierras y tenían derecho a exportar mano de obra extranjera para abaratar los costos de la producción.

Estas medidas facilitaron grandemente la inversión extranjera, pero perjudicaban al campesino, especialmente a los de la región este, donde se instalaron las grandes compañías de azucarera. Los campesinos propietarios de estas tierras no poseían títulos de propiedad legalizados, por lo cual se vieron obligados a vender sus tierras a bajo precio, o sencillamente, abandonarlas.

Más de dos millones de tareas de tierra, estaban en manos de norteamericanos, italianos, cubanos y españoles, los cuales se destinaban a la industrialización de la caña de azúcar.

A pesar de su interés por incentivar los principales renglones productivos, Cáceres encontró fuertes oposiciones entres sectores que consideraban que esas medidas afectaban sus intereses. Fueron descubiertos varios complots para asesinarlos, hasta que el 19 de noviembre de 1911, lo asesinó un grupo de adversarios dirigidos por el general Luis Tejera

 

Fuentes : https://www.mi-rd.com/Interes/Historia/Ramon_Caceres.html

Ramón Marrero Aristy

 

Ramón Marrero Aristy, escritor, novelista y funcionario que fue de la dictadura de Trujillo, escribió Over, la novela que narra la sobre explotación de los ingenios y centrales azucareros contra los trabajadores dominicanos. De pensamiento liberal que muchas veces coincidía en sus posiciones con sectores socialistas y antitrujillistas fue asesinado por la dictadura de Trujillo en 1959.

Mucho se ha conjeturado sobre la vida y muerte de Ramón Marrero Aristy, pero pocos se han esforzado por encontrar la verdad.

Marrero Aristy fue periodista, escritor, historiador, diplomático y funcionario del gobierno. Su ascenso a nivel social y político se debió al éxito de su novela Over, considerada por muchos la mejor obra narrativa escrita en la dictadura de Trujillo. ¿Cómo un aldeano de apenas veinte y seis años lo logró? ¿De cuáles bases literarias partió? ¿Y por qué fue vilmente asesinado? Éstas, entre otras interrogantes, originaron este estudio, el cual necesariamente parte de las raíces del escritor.

Marrero Aristy nace en San Rafael del Yuma, Higüey, en 1913, en una época en que la República Dominicana, dependiente ya de Estados Unidos, estaba sumergida en una etapa precapitalista caracterizada por la inestabilidad política producto de la lucha caudillista. Esta inestabilidad entorpecía la producción y comercialización del azúcar exportada hacia Norteamérica, una de las razones por la cual Estados Unidos invadió el país en 1916. Luego convirtió la nación en una colonia, cuya principal función era el desarrollo de su industria azucarera.

El área vital para la empresa del nuevo imperio era el Este, por encontrarse el mayor número de ingenios azucareros. La respuesta patriótica no se hizo esperar: en varias zonas boscosas de San Pedro de Macorís, El Seybo y La Romana se levantaron en armas hombres decididos como Vicente Evangelista y Ramón Natera, quienes iniciaron una epopeya que sería calumniada con el nombre de gavillera.

El padre de Marrero Aristy, Juan Bautista, ganadero, igual que los de su clase, colaboró con los invasores, y según algunos testigos de la época, sirviendo de práctico de uno de los marines, sabiendo que los guerrilleros preferían matar más a los guías traidores que al yanqui, convenció al militar norteamericano de que se intercambiaran la ropa para que su vida “estuviera más garantizada”.

Y tal como previó, los guerrilleros atacaron al que creían traidor y ajusticiaron al marine. Juan Bautista, nervioso, volvió a intercambiar la ropa, la cual lanzaría al río, y reportó al soldado como muerto en una emboscada. Los norteamericanos, perplejos, notaron que el uniforme del caído no tenía agujeros, y después de encontrar la ropa de Juan Bautista, que se había enredado en las ramas de un árbol a la orilla del río, lo acusaron de la muerte. Juan Bautista se vio obligado a salir del país.

Con él se llevó a su esposa, Nuna, y a Marrero Aristy, que era hijo de otra mujer, Olivia Beltré. Por esta descendencia, Marrero Aristy no era del agrado de Nuna, y tendrían múltiples diferencias. A éstas se añadirían las que tendría Marrero Aristy con su padre, porque el simpatizante del imperio se opondría radicalmente a la vocación literaria del hijo. A Juan Bautista le era imposible ver a ese bendito muchacho, a quien deseaba convertir en agricultor, leyendo y leyendo hasta el amanecer todo lo que aparecía. Luego de vivir en Colombia, Venezuela y en las Antillas Holandesas, Juan Bautista regresó con su familia en el año 1922, aún con las tropas norteamericanas en el país, y discretamente se instaló en Barahona. Marrero Aristy tenía ocho años, y debido a las contradicciones, que se tornarían insostenibles, con su padre y esposa, se trasladaría a vivir a La Romana, a la casa de su abuela paterna Mariquita Marrero, de quien adoptaría el apellido. Con esfuerzo (porque Juan Bautista seguía obligándolo a trabajar la ganadería en sus tierras del Este) completó sus estudios primarios y parte de los secundarios.
En esos años quedó encandilado con los pasajes de la Biblia, y pensando hacerse pastor evangélico practicó la predicación. Pero la dinámica de la vida, el gusto por el baile, el ron y las mujeres lo hicieron desistir. También lo había hechizado los pasajes de unos que otros libros marxistas traídos del exterior por emigrantes trabajadores de los ingenios. Es decir, que debido al desarrollo económico del Este y, por ende, social y cultural, Marrero Aristy pudo adquirir un nivel de conocimiento elevado y seguro leyó a Víctor Hugo, Doestoyeski, Tolstoy y Chejov, escritores muy comentados por los intelectuales dominicanos.

Así, revestido del nacionalismo reinante por la presencia de las tropas invasoras y por los escritos de Marx, se transformó en un tímido defensor de los humildes, principalmente de los campesinos, y en un serio aspirante a escritor. Los norteamericanos, tras garantizar sus intereses a través del plan Hughes-Peynado y crear una guardia nacional obediente a ellos, salieron del país en 1924 y dejaron instalado como presidente a Horacio Vásquez. Marrero Aristy, por su lado, descuidando sus deberes en la finca, empezaría a escribir crónicas para el periódico El Diario, de Santiago y el Nuevo Diario, de Santo Domingo.

Sus escritos, conteniendo el sello de su pensamiento progresista, retrataban la vida miseriosa y angustiante de los obreros agrícolas. Juan Bautista, finalmente, lo expulsa de la finca y de la casa de Mariquita, y Marrero Aristy, para sobrevivir, labora en una de las bodegas de comestibles del ingenio azucarero norteamericano de La Romana, administrado por la South Puerto Rico Sugar Company. A diferencia del personal del central, él es un joven consciente de su posición de clase, poseedor de una sensibilidad social parecida a la de los líderes revolucionarios. Esta sensibilidad lo hace más que indignarse al palpar y tener que participar del crudísimo sistema de explotación del ingenio, comparado con un centro de concentración nazi.

Como narrador, es lógico que ideara plasmar su experiencia en una novela y mientras madurara el proyecto, les robara unas horas al trabajo para escribir cuentos. Al leerlos hoy, el lector se sorprende de lo que éramos como pueblo: una aldea ahogada en la pobreza. Por otra parte, en 1930 el brigadier Rafael Leonidas Trujillo aprovechó las protestas generadas contra Horacio Vásquez porque pretendía mantenerse en el poder inconstitucionalmente por dos años más y las utilizó como pretexto para asumir la presidencia de la república por medio de un golpe de Estado disfrazado después de unas elecciones generales.

Decenas de pequeños burgueses de limitadísimas entradas económicas y oportunidades de ascenso social, como Marrero Aristy, vieron el cambio con ojos esperanzadores. “Quizás la nación se encamine, al fin, hacia el progreso”, pensaron, pues la gestión horacista, retornadora de las intranquilidades, había diezmado el optimismo de los intelectuales. El escritor en ciernes que continuaba enviando sus escritos a los periódicos, se enteró que sus cuentos se habían publicado con éxito en el diario La Opinión, de Santo Domingo, y de inmediato se presentó ante el redactor principal, Manuel Antonio Amiama y le pidió un empleo.

Manuel Antonio Amiama, licenciado en derecho, quien llegaría a ser presidente de la Suprema Corte de Justicia en 1962 y escribiría la importante novela El Terrateniente, lo complació y posteriormente se convertiría en su mentor, amigo y corrector. Marrero Aristy se movía en calzoncillos entre las maquinarias del periódico porque sólo tenía un pantalón al que había que conservar, y en las horas libres continuaba escribiendo y estudiando. Igual que a Hemingway, no le atraían los movimientos literarios por lo que no se acercaría ni al postumismo de Moreno Jiménez ni al Paladión de Francisco Prats Ramírez ni al Plus-Ultra de Manuel Arturo Peña Batlle ni al intentado por Manuel Zacarías Espinal que se ha llamado Vedrinismo, el cual erróneamente se ha señalado a Vigil Díaz como su fundador.

Con apenas veinte años, ya habiendo terminado el bachillerato, Marrero Aristy publicó su primer libro titulado Perfiles Agrestes en el mes de agosto del año 1933. En la introducción dijo, el que lea la obra, quizás no halle nada perfecto, si solo atiende a su forma, pero si en cambio, busca su fondo, hallará algo muy nuestro. En efecto, el libro, dividido en los capítulos Tipos Dominicanos, Costumbre Dominicana.

Tres Poemas y Cuentos Dominicanos, resume el cuerpo y el alma del quisqueyano de la época. Emilio Rodríguez Demorizi en una carta que le envió el 20 de febrero de 1934, observó en los cuentos de Marrero, como en los de Bosch, cierta inclinación al dramatismo, y afirmó que la característica del cuento dominicano es la indefinida resultancia del estudio psicológico del campesino, mezcla de astucia y de valor, honor y doblez. “De la feliz interpretación de ese temperamento saldrá el cuento criollo perfecto: fácil empresa para usted, en cuyo libro hay bellas muestras de su definitiva vocación literaria.” Los cuentos de Bosch referidos por Demorizi son los contenidos en Camino Real, su primer libro publicado en el mes de noviembre de 1933. Bosch, que sería el precursor de la narrativa social moderna dominicana y uno de los más grandes pensadores políticos, impactó positivamente, más que ningún otro escritor, en la sociedad cultural dominicana porque además de su enorme talento, contó con la asesoría de Pedro Henríquez Ureña, quien lo introdujo en la literatura de Horacio Quiroga y Guy Maupassant. José Rijo diría: “A partir de entonces, nosotros los aspirantes a cuentistas, queríamos escribir como Bosch”. Marrero Aristy también admiraba a Bosch, y en Perfiles Agrestes, en el capítulo Cuentos Dominicanos, le dedicó el titulado Zafra, que reseñaba la vida de una mujer adúltera dentro del batey del ingenio.

Respecto a su carrera periodística, de La Opinión Marrero Aristy pasó al Listín Diario y luego a La Nación, donde sería ascendido a redactor jefe. En esos años estudiaría, inconclusamente, filosofía y letras en la Universidad de Santo Domingo y aprendería de forma autodidacta, inglés y francés. En 1936, su condiscípulo Juan Bosch impactó aún más a la sociedad cultural con la publicación de la novela La Mañosa. En lo que iba de siglo, solo La Sangre (1914) de Tulio M. Cestero podía compararse en calidad con La Mañosa. El éxito de esta obra motivó a Marrero Aristy a publicar una recopilación de sus cuentos con el título de Balsié, Narraciones, Estampas y Cuentos, y continuó con su proyecto novelístico.
Acerca de Balsié, que contenía el sello del costumbrismo rural marreriano, Virgilio Díaz Ordóñez afirmó que era el libro más dominicano que había leído, y el novelista español Eduardo Zamacois, a quien Marrero Aristy le había mandado un ejemplar de la obra, le aconsejó salir del país, pues “un artista como usted no merece vivir en Santo Domingo. Ahí no tiene usted, espacio para volar”. Para su desgracia posterior, Marrero Aristy no le haría caso, contrario a Bosch, que el mismo año de la publicación de Balsié (1938), sorprendería a Marrero Aristy yéndose al exilio precisamente por no tener oportunidad en el país de desarrollarse como escritor, aunque después añadiría la necesidad de reestablecer la democracia dominicana. Al año siguiente, 1939, Marrero Aristy por fin terminó su proyecto al que originalmente tituló La Bodega, pero su profesor, Teófilo Hernández, a quien en Perfiles Agrestes, en la parte Tipos Dominicanos, le dedicó el llamado El Maestro Rural, le recomendó cambiarlo porque coincidía con el título de una novela de Vicente Blasco Ibáñez. Entonces lo bautizó con el nombre de Over.

Uno de sus aciertos fue elegir como narrador de la obra a la primera persona, pues como contenía pasajes de su vida, la verosimilitud del texto aumentó considerablemente. Por medio a Daniel Comprés, narrador/ protagonista y bodeguero del central, Marrero Aristy le hace una autopsia crítica al ingenio de propiedad norteamericana donde trabajó; y denuncia su sistema monopólico de explotación basado en una súper plusvalía o robo desenfrenado, el cual además provoca la quiebra de los comerciantes ubicados en la región azucarera.

En la medida que el lector avanza en la novela, su identificación con Daniel Comprés y los otros explotados se va multiplicando hasta alcanzar un punto infinito; se va identificando con un Daniel Comprés que se ve obligado a robarle a los obreros a través del Over porque debe pagar la parte que le sustrae el ingenio; con un Daniel Comprés que guiado por su sentido de justicia se rebela contra la compañía y llega al extremo (lo cual es el único pasaje que nos parece incierto) de gritarle a los proletarios, “ardiendo en indignación: -¡Marchen de aquí! ¡Pídanle tierra al gobierno o róbenla! … ¡No vuelvan más!” Persistiendo en su actitud rebelde, Daniel Comprés termina siendo vencido por el central e intenta, sin éxito, conseguir otro trabajo. Frustrado, inmerso en la miseria, rechazado por su esposa y familiares, acaba convirtiéndose en un parásito y empieza a vagar sin rumbo…

A diferencia de Bosch en La Mañosa, Marrero Aristy escribió su Over teniendo plena conciencia del riesgo que corría publicándola bajo la dictadura. Por esta razón, aunque ataca al capitalismo y al sistema de explotación norteamericano, no ubica la novela en un tiempo específico ni interrelaciona los personajes con la historia. Trujillo, que siempre ambicionó los consorcios azucareros yanquis, vio con agrado el desenmascaramiento que le hizo Marrero Aristy. Extrañamente, éste ni se percató de la grandeza de su obra ni de su potencial como narrador. Bosch sí se percató: en la revista Carteles, de La Habana afirmó: “Ramón Marrero Aristy (…) tiene un amplio porvenir en las letras dominicanas, quizás más que la mayoría de los jóvenes escritores de su generación en el continente.” En el país, Over tuvo una acogida unánime por el público, y Trujillo, dándole continuidad a su táctica de comprometer con su dictadura a todo el que se destacaba, lo nombró Subsecretario de Estado de Trabajo y Economía Nacional.

Marrero Aristy aceptó con agrado el nombramiento, renunciando así a su futuro literario y entrando en un sistema de explotación más malvado y cruel que el del ingenio de Over. Lo primero que le demostró Marrero Aristy al déspota fueron sus grandes dotes de mediador, pues le solucionó una huelga de los trabajadores azucareros que se le había hecho imposible quebrar al general Federico Fiallo.

Después actuó como intermediario exitoso entre el gobierno y el exilio en Cuba, haciéndole creer a estos que se implementarían ciertas libertades civiles en el país, las cuales en verdad Trujillo concedería tácticamente por las presiones de Washington y autorizaría la formación del Partido Socialista Popular. Luego lo descabezaría con la violencia característica. En los meses de su intermediación, Marrero Aristy compartió en actos con miembros del movimiento comunista cubano y con Mauricio Báez, representando a la Confederación de Trabajadores Dominicanos. En sus intervenciones (lógicamente magnificando las obras del jefe), el autor de Perfiles Agrestes demostró poseer una oratoria persuasiva, llana y emotiva, cualidades desarrolladas en él gracias a su antigua labor de predicador evangélico.

Adicional a estas cualidades e inteligencia natural, sobresalieron en él, el magnetismo de líder, la apariencia de libre pensador de ideas avanzadas, valentía y accionar generoso, virtudes que lo proyectaban como el hombre ideal para sustituir a Trujillo y reestablecer la democracia. Así lo vieron los envidiosos del palacio encabezados por Johnny Abbes, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), quienes comenzaron a intrigar contra él. El Jefe de Estado, agradecido por el dinamismo y buen desempeño de Marrero Aristy, quien incluso había publicado la apología Trujillo, Síntesis de su Vida y Obra, lo nombró diputado al Congreso Nacional por Azua en 1948; por el Seybo en 1950 y por Santo Domingo en 1954.

Ese año, él consiguió la orden de escribir la historia oficial dominicana; orden que había empezado a ejecutar Américo Lugo, pero en 1936 se negó abarcar la Era de Trujillo para no convertirse en el historiador oficial del déspota. Con el esmero acostumbrado, Marrero Aristy terminó el primer tomo en 1957 y lo tituló: La República Dominicana: Origen y Destino del Pueblo Cristiano más Antiguo de América. En él narra la historia del país desde el descubrimiento de América (1492) hasta la anexión de la República a España (1861).

Como la dictadura no estaba incluida, Marrero Aristy analizó los hechos con aparente libertad de pensamiento, enmarcado, eso sí, dentro de los lineamientos sociológicos del mentor del trujillismo, Manuel Arturo Peña Batlle. En una ocasión le dijo a éste: “Tú tienes razón, Chilo, cuando defiendes la raíz hispánica, la práctica católica y el enfrentamiento a la acción desnacionalizante del haitiano, como medio de nutrir la sustancia nacional”. El mismo pensamiento primó en el segundo tomo, el cual, terminado cinco meses después del primero, finaliza en el tercer gobierno de Horacio Vásquez, en 1930.

Asimismo inició la redacción de una nueva novela, la cual titularía El Camión Rojo. Según algunos miembros de la Poesía Sorprendida, a quienes Marrero Aristy les leería pasajes de la novela, ésta describe cómo un camión rojo se despeña en El Número, de Azua, en forma parecida a lo que ocurriría en su asesinato. ¡Vaya premonición de su muerte! Para la época en que terminó el segundo tomo de historia, la situación económica de Marrero Aristy había mejorado bastante, igual que su suerte con las mujeres: tras divorciarse de su primera esposa, la romanense Gloria Seneau, con quien no procreó hijos, y de su segunda, la mulata sanjuanera Fabiola Marcano, con quien procreó tres varones, casó con la hermosa joven, blanca y educada, Belisa Mejía, con quien tendría una hembra y un varón.

Doña Belisa, que sería la digna viuda Marrero, le criaría los hijos de Fabiola Marcano. Apoyado en su nueva posición social, mejoró su forma de vestir y aumentó su inclinación a la buena comida, al baile, al alcohol, a las aventuras amorosas y a la repartición de dinero entre sus familiares y amigos pobres. Estos cambios en su comportamiento los realizaba bajo la mirada de los envidiosos palaciegos. Estos ya conocían algunos de los defectos del escritor, como su hiperbólica indiscreción, la cual podría usarse contra él, lo mismo que su accionar temerario iniciado con la publicación de Over. En 1957 escribió un informe interno en el cual describió las penurias y la explotación de los campesinos cafetaleros que laboraban en uno de los monopolios económicos del tirano.

De inmediato la prensa radial y escrita se hizo eco del informe y le lanzó un vendaval de fuertes críticas. El escritor por primera vez se vio en serios aprietos y en una carta que le envió a Trujillo, le expresó que sus enemigos gratuitos quieren verlo en la cárcel. “…No es que le tenga temor a la cárcel…”. Afirmó que era un trabajador honrado del trujillismo que puede equivocarse, pero jamás traicionar.

El déspota, consciente de que Marrero Aristy era un buen colaborador, pero nunca un trujillista de corazón, le respondió: “¿De dónde infieres tú que puedes ir a la cárcel? ¿Acaso no eres un Secretario de Estado con la confianza del gobierno?” A pesar de esta aparente muestra de confianza, Trujillo lo inscribió en su lista negra. Un año después, se desarrolló en Cuba la lucha final entre el ejército rebelde de Fidel Castro y el del dictador Fulgencio Batista. Como Marrero Aristy seguía siendo no sólo intermediario de la dictadura, sino también representante de la misma en los foros laborales internacionales y en las reuniones de la SIP, en uno de sus viajes a La Habana se dio cuenta del inminente triunfo de Fidel y lo que significaría para el continente, y al regresar al país lo comentó a voz en cuello en las tertulias que acostumbraba participar. Refiere el intelectual trujillista Ramón Font-Bernard en un artículo, que Marrero Aristy mencionó con evidente simpatía a los generales Juan Rodríguez y Miguel Ángel Ramírez, así como al profesor Juan Bosch. “Al pueblo hay que espabilarlo”, agregó, “para evitar por los medios que fueran, que el próximo presidente de la República fuese un filorio del parque Colón”.

Además de estas graves indiscreciones, el autor de Balsié les regalaba a sus amigos y relacionados, revistas y libros de circulación prohibida en el país, traídos de sus viajes del exterior. Trujillo, que tenía el servicio de inteligencia más eficaz de la región, gracias al cual sabía que Marrero Aristy en Cuba se reunía con los exiliados, seguro también sabía de todas sus graves indiscreciones y desde ya pensaba eliminarlo.

El esperado triunfo de Fidel Castro se produjo en enero de 1959, y el panorama político, como esperaba Marrero Aristy, cambió por completo en América Latina: los dictadores empezaron a caer paulatinamente. Seis meses después de la entrada triunfal de Fidel en La Habana, partiendo de Cuba, arribaron al país los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo, y aunque Trujillo los venció con facilidad, los patriotas le causaron una derrota política tras la cual veíase la segura caída del tirano. Marrero Aristy, conocedor supremo de esta verdad, empezó a comentarla en las tertulias, y añadió lo que hasta ese momento no se había atrevido a plantear: como Trujillo está liquidado políticamente, se lanzará a la búsqueda del poder para realizar una revolución pacífica, la cual sacará al pueblo del estado de indefinición social y económico en que se encuentra.-En ese instante su temeridad se tornó irreflexiva.

Quizás por esta causa presentía su muerte. A su esposa se lo manifestaba a cada momento: “Creo que me van a asesinar”. Este presentimiento le impedía publicar el tercer y último tomo de su República Dominicana, Origen y Destino del Pueblo más Antiguo de América porque analizaba la obra de gobierno del jefe y temía herir su susceptibilidad. Él lo dejaría redactado, y el historiador César A. Herrera lo corregiría y lo publicaría en el año 1961.

También dejaría terminado el manuscrito de El Camión Rojo, el cual pensaba publicar después de la caída de la dictadura. Mientras tanto, los envidiosos palaciegos, aprovechando la decrepitud de Trujillo y la crisis que le generó la expedición, le mintieron diciéndole que en uno de sus frecuentes viajes, Marrero Aristy pensaba desertar y unirse a los exiliados, quienes le habían propuesto postularlo para la presidencia.-Y apoyándose en la consabida indiscreción del escritor, lo acusaron de suministrarle información a Tad Szulc, periodista norteamericano visto por Marrero Aristy en Estados Unidos, que catalogó, en artículos publicados en The New York Times, de corrupta a la dictadura.
La reacción de Trujillo fue la ansiada: decidió eliminarlo. La orden se la impartió a Johnny Abbes estando el Jefe de Estado acompañado en el Palacio de Gobierno del maniático asesino batistiano Policarpio Soler, quien como expresó Joaquín Balaguer en sus Memorias de un Cortesano (pág.258), en esa época acaparaba el tiempo que Trujillo dedicaba a despachar tras su escritorio. Primero el déspota citó a Marrero Aristy en su despacho para mortificarlo con su cinismo y simulación. Así, luego de comentarle las denuncias de los envidiosos palaciegos, y el escritor defenderse (en verdad, contrario a lo que dicen hoy muchos historiadores, él aún no había materializado una conspiración), lo despidió ratificándole su confianza. Marrero Aristy, un tanto aliviado, conversó con su esposa y le habló del encuentro con el jefe y de los puntos que aclararon. “Por suerte que ya todo está tranquilo”, creyó él.

Trujillo volvió a llamarlo en la tarde. Esta vez, con bramidos, insistiendo en las denuncias, lo acusó de contactar a los norteamericanos para sucederle en el poder. Marrero Aristy, nerviosismo, sudando hasta más no poder, volvió a defenderse. Pero Trujillo lo interrumpía con sus bramidos, fulminándolo con su mirada de fuego. El escritor quiso buscar su pañuelo en el bolsillo del pantalón para secarse el sudor, hecho que confundió Policarpio Soler con un intento de sacar un arma y en el acto lo mató de un disparo en la cabeza.

Trujillo, tras comprobar la falsa creencia de Policarpio Soler, se incomodó, pues no era el escenario adecuado para asesinarlo. No obstante, con frialdad, ordenó que se deshicieran del cadáver. El carro de Marrero Aristy, conducido por su chofer, Juan Concepción, lo vieron salir del palacio yendo un volkswagen del SIM delante y otro detrás. Marrero Aristy parecía ir durmiendo en el sillón trasero.
Johnny Abbes decidió lanzarlo dentro del carro por el precipicio de una carretera, simulando un accidente Los esbirros de él, para darle más verosimilitud al accidente en la carretera de Constanza, asesinaron al chofer Juan Concepción, a quien dentro del carro también lanzarían al precipicio. Ese fue el triste final de quien pudo convertirse en un gran narrador universal. Pero si triste fue su final, el del manuscrito de El Camión Rojo lo sería más: estando ausente la viuda Marrero, una tarde se presentó en la casa un señor indio, alto, seguro un intelectual, antiguo amigo de Marrero Aristy, con un papel dizque firmado por doña Belisa, en el cual ordenaba que le entregaran la novela.

La doméstica, sin pensarlo, obedeció, y así desapareció la última obra del autor de Over. Es posible que el señor indio la robara con la intención de publicarla con otro título, pasajes y nombres de los personajes. No obstante hasta ahora no ha aparecido ninguna obra similar a la descrita por los miembros de la Poesía Sorprendida.

Edwin Disla, 29 de noviembre del 2007

Fuentes : https://www.mi-rd.com/Interes/Historia/Marrero_Aristy.html

Héctor Rafael García Godoy

(Moca, 1921 – Santo Domingo, 1970) Político dominicano. En 1965 fue nombrado presidente provisional de la República por los dos bandos enfrentados en la guerra civil, cargo que detentó hasta la elección de Joaquín Balaguer (1966).

Finalizados en 1944 sus estudios de derecho en la Universidad de Santo Domingo, Héctor García Godoy inició la carrera diplomática en las legaciones de Costa Rica y Nicaragua. Ejerció altos cargos en las finanzas públicas y diversas representaciones diplomáticas entre 1956 y 1963. El presidente Juan Bosch lo nombró ministro de Asuntos Exteriores en 1963.

En el marco de la convulsa situación que atravesaba la República Dominicana, en 1965, con la firma del Acta Institucional, se llegó a un acuerdo entre el gobierno norteamericano (cuyas tropas habían ocupado el país), las fuerzas democráticas y los militares golpistas para instalar un gobierno provisional presidido por Héctor García Godoy, con el objeto de preparar las elecciones, que habían de celebrarse en junio de 1966.

El gobierno provisional se instaló el 3 de septiembre de 1965; estuvo respaldado por la Agencia Internacional para el Desarrollo, que asumió el pago de los salarios estatales, y por la presencia de miles de soldados norteamericanos que integraban la llamada Fuerza Interamericana de Paz.

Esa presencia no impidió que, a mediados de diciembre, los militares wessinistas, armados con tanques y cañones, intentaran asesinar a los líderes constitucionalistas mientras se encontraban reunidos en el Hotel Matum de Santiago.

Los dirigentes de la política norteamericana eligieron a Joaquín Balaguer para desempeñar el papel protagónico en su nueva estrategia para la República Dominicana. Los resultados electorales dieron a Balaguer como ganador, pese a las pruebas patentes de fraude que presentaron los partidarios del PRD. Juan Bosch, sin impugnar las elecciones, llamó a la «oposición constructiva» y se exilió en Europa por cuatro años. Tras la toma de posesión de Joaquín Balaguer (1 de julio de 1966), García Godoy fue nombrado embajador en Estados Unidos, cargo que desempeñó entre 1966 y 1969.

El político conservador Héctor García Godoy fue el escogido como presidente provisional para salir de la crisis generada por la Guerra de Abril.

García Godoy, quien fue canciller durante el gobierno sietemesino del profesor Juan Bosch, gobernó nueve meses, del 3 de septiembre al primero de julio de 1966, cuando entregó el poder al doctor Joaquín Balaguer.

La primera opción para la presidencia provisional fue el entonces hacendado y dirigente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) Antonio Guzmán.

El nombre de Guzmán fue sugerido por Bosch al mediador McGeorge Bundy, asistente especial de Asuntos de Seguridad Nacional del presidente Lyndon B. Johnson.

Bundy se había entrevistado con Bosch en San Juan de Puerto Rico cuando se trasladaba a República Dominicana.

La misión de Bundy, quien vino en compañía de Thomas C. Mann y Jack Hood Vaughn, consistía en negociar un gobierno constitucional de compromiso.

Para los Estados Unidos Guzmán resultaba básicamente aceptable así como para el comando del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. El único problema que subsistía era conseguir el acuerdo del general Imbert y que éste se dispusiera a renunciar en favor del candidato de compromiso.

No era un problema sencillo. Cuando el subsecretario Mann sugirió a Imbert su renuncia, éste se negó rotundamente. Expresó a los norteamericanos que, puesto que los Estados Unidos lo habían ayudado a convertirse en jefe de la Junta, ahora era su intención mantenerse en el cargo. Proceder de otro modo, dijo, significaría “hacer entrega de todo a los comunistas”. Uno de los cronistas describió la situación así: “El general Imbert es el títere de los Estados Unidos que tira de sus propios hilos”.

En este momento fue que el teniente general Bruce Palmer, comandante de las fuerzas militares estadounidenses, tuvo que ordenar a la mitad de los artilleros de la infantería de marina -que hasta ese entonces habían apuntado a la fortaleza rebelde de la parte baja de la ciudad- que se dieran vuelta para enfrentar los emplazamientos de las tropas de Imbert. Parte de las tropas de Palmer pareció confundida respecto de su misión y algunos se preguntaban quién era el enemigo.

Luego la fórmula Guzmán -en favor de la cual había trabajado Bundy por espacio de diez días- cayó por el suelo en virtud de órdenes recibidas de Washington. El FBI había interceptado una conversación telefónica entre el profesor Bosch y un amigo. Esta conversación, según se informó, incluía la declaración de que si el régimen de Guzmán era instaurado podría haber un nuevo gobierno en el plazo de cinco días.

De acuerdo también a un informe censurado de la CIA Guzmán rehusó presidir un gobierno interino porque no se prestaría a tomar acciones que incluían deportaciones y represión violenta contra los dirigentes y militantes de la izquierda.

Un cable de la CIA afirmaba: “El estaba honestamente convencido de que no iba poder hacer un gobierno que tuviera el soporte de gran parte de los rebeldes no comunistas, si primero tenía que deportar o tomar acciones fuertes en contra de los comunistas y otros extremistas que estaban junto con los rebeldes”.
La interrupción de la negociación Bundy-Guzmán señaló, para muchos de los que se hallaban en el bando rebelde, el fin de las esperanzas de un régimen “constitucional”.

El momento culminante de la crisis llegó con la toma de posesión del doctor García Godoy, pero ese acto no trajo consigo el cese ipso facto de la violencia.

Con el nuevo gobierno, la retirada de las tropas invasoras se reanudó tras una pausa de dos meses. De 10 mil que quedaban, se llevó a tres mil.

Durante los nueve meses de gobierno de García Godoy las tropas invasoras intervinieron en muy pocas ocasiones ante situaciones que amenazaban la estabilidad del país.


UN APUNTE
Batalla del Hotel Matum
El ataque por soldados del Ejército Nacional a las fuerzas constitucionalistas que habían ido a Santiago desde Santo Domingo para rendir homenaje al ideólogo del movimiento Rafael Tomás Fernández Domínguez, muerto el 19 de mayo de 1965, fue el episodio más crítico del gobierno de García Godoy.

 

Antonia María Teresa Mirabal Reyes

 

También, es una de las hermanas asesinadas por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Su indignación por la tiranía trujillista fue a tal grado que no dudó en ser una de las mujeres que en enero de 1959 confabularon en la residencia de Guido D’Alessandro (sobrino político de su hermana Minerva) para sentar las bases de lo que más tarde sería el Movimiento Revolucionario 14 de Junio con el que se derrocaría la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo el 30 de mayo de 1961 en República Dominicana.

Asistió al Colegio Inmaculada Concepción de La Vega después que sus hermanas ya se habían graduado. En 1954, se graduó del Liceo de San Francisco de Macorís en matemáticas y luego siguió con sus estudios en ese sujeto en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. El 14 de febrero de 1958, se casó con el ingeniero Leandro Guzmán y el 17 de febrero de 1959 nació su hija Jacqueline. María Teresa admiraba a Minerva y se envolvió en las actividades políticas de su hermana.

El 20 de enero de 1960, la detuvieron en una base militar en Salcedo, pero la liberaron ese mismo día. Dos días después, el 22 de enero, ella y Minerva fueron detenidas y llevadas a La Cuarenta, la infame cárcel de tortura, y luego fueron transferidas a La Victoria. Las dejaron en libertad el 7 de febrero de 1960, pero el 18 de marzo María Teresa y Minerva fueron arrestadas de nuevo y llevadas a La Cuarenta. Su condena de cinco años fue rebajada a tres años en apelación. Las dos hermanas fueron dejadas en libertad el 18 de agosto de 1960.

Antonia María Teresa Mirabal Reyes de Guzmán (15 de octubre de 1935/25 de noviembre de 1960) fue una agrimensora y activista dominicana.

Clara en sus planteamientos, María Teresa aseguraba que en la lucha “Se arriesga la vida sin pensar en posibles beneficiosos personales, ya que el principal motivo por el cual luchamos es la anulación completa de los privilegios […] quizá lo que tenemos más cerca es la muerte, pero esa idea no me amedrenta: seguiremos luchando por lo justo.»

El 25 de noviembre de 1960, cuando Minerva, Patria y María Teresa Mirabal regresaban de visitar a sus maridos que estaban presos ambos dirigentes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, estas fueron objeto de una emboscada por agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) en las afuera de Puerto Plata siendo conducidas a una casa campestre en la comunidad de La Cumbre donde fueron golpeadas ferozmente con palos y otros objetos contundentes hasta causarles la muerte. Su chófer Rufino de la Cruz fue también asesinado.
 

Gregorio Riva Guzman

El mocano, Don Gregorio Riva , sin duda alguna, fue un hombre muy singular. Visionario y emprendedor imperturbable; hombre de fe, constancia y determinación. Rompió prejuicios, torció voluntades, quebró tabúes. Innovó, removió obstáculos, abrió camino al progreso y a la generación de riqueza.

Nació en Moca, el 24 de diciembre de 1833. hijo de Ramón Valentín Riva y Ramona Guzmán Rodríguez. Cursó secundaria e inició estudios de ingeniería que no concluyó, en Puerto Rico.

Casó en 1857 con Paula Álvarez, mocana, madre de sus hijos Adela, Mercedes, Sergio, Paula, Cristina, Rafael, María Estervina y Rosa Ana.

Debemos trasladamos a la época de nuestra independencia, en 1844, con todo en ciernes, para poder entender la obra monumental que significaba canalizar, con recursos propios, como lo hizo, amparado en una concesión pública, los ríos Camú y Yuna, caudalosos en esa época, y hacerlos navegables para la actividad comercial hasta Sánchez, facilitando así la comercialización de productos de exportación e importación, en sustitución del anacrónico y costoso sistema de las recuas de mulas que hasta entonces se usaban para el transporte.

Pocos años después se convirtió en inspirador y ejecutor de las obras de infraestructura para hacer viable el ferrocarril La Vega-Sánchez, que entroncaría, vía Moca, con el de Santiago. Esa fue una obra formidable, pues implicaba superar la barrera titánica de las inmensas ciénagas del Gran Estero. Y requirió de la contratación de mano de obra extranjera de las Islas Vírgenes, los que posteriormente serían conocidos como cocolos.

Cuando se puso en marcha el ferrocarril y llegó a La Vega, la comunidad lo recibió con alborozo. Allí Don Gregorio pronunció unas palabras lacónicas: ¡ahí lo tienen! Aceptó el nombramiento de Interventor de Aduanas en Sánchez, para poder cobrarse la inversión realizada del 10% de los aranceles vigentes.

Pero el poder político, encarnado por el tirano Ulises Heureaux ( Lilís), incumplió. Lo destituyó. Y lo dejó en la ruina. Así se compensaba tantos desvelos, trabajo esforzado, riesgo asumido. Así se premiaba una labor portentosa de abrir nuevas fronteras al progreso desde el ángulo privado. Desde entonces el poder político se constituyó en origen bautismal de la riqueza.

Cuentan que ya en su lecho de muerte, en 1889, su padre lo llamó y le dijo: «mi hijo, muero en la miseria, sólo dejo como patrimonio el apellido, consérvalo». Ese hijo rumiaba luego su tristeza, diciendo: «de poco me ha valido el apellido».

Se le considera, además, como si fuera poco lo ya dicho, el introductor de la siembra de tabaco de calidad a gran escala para la exportación, y también de muchas semillas mejoradas. Introductor de la imprenta en Samaná. Pionero de las plantaciones de coco en la península, que hoy muestra su belleza incomparable, meciendo sus pencas airosas. E introductor de las construcciones de mampostería.

Dotó a Samaná de calles, drenajes, aceras; fabricó grandes almacenes en diferentes lugares del país; introdujo las construcciones de mampostería, primeras en el Cibao Oriental; construyó una iglesia en Yuna dedicada a San Antonio y el cementerio católico de Moca; se dedicó a la exportación de caoba a Alemania, proveniente de una explotación forestal que tenía entre Cabrera y Samaná; explotó el guano de las cuevas de Los Haitises, exportándolo.

En esas cuevas encontró osamentas y vestigios de la cultura indígena que envió a un museo de Londres. Además, Riva fomentó el cultivo de coco en Samaná, importaba semillas de arroz, algodón, maíz, cacao y las distribuía gratuitamente entre agricultores para fomentar la siembra.

Y, en adición, el que fomentó la educación de la mano del espíritu hostosiano, y trajo a Moca maestros boricuas venerables. Ahora sabemos que dos calles de Moca llevan el nombre de educadores traídos por él: Salustio Morillo y Ulpiano Córdova. Introdujo también la primera farmacia «La Mocana», la primera máquina de coser y el primer molino para secar café.

El poblado de Villa Riva, fue nombrado en su honor.

Era la figura de mayor influencia en el siglo XIX. Le ofrecieron varias veces la presidencia de la República, que no aceptó pues no gustaba de la política. Tanto arraigo, molestaba a Lilís. Félix Francisco Rodríguez compuso un himno a Riva con música de Manuel María del Orbe que se tocaba en las retretas, y el tirano lo prohibió.

Cuando se iniciaron los trabajos del Ferrocarril Central Dominicano, del cual fue promotor, Riva se entregó a ellos impulsándolos, organizándolos, supervisando y controlando y abandonó sus negocios. Pero Heureaux le guardaba la sorpresa de una trampa tendida a través de un político corrupto de su bando al que Riva no le permitió sacar de la aduana unos baúles de Navidad libres de impuestos. Entonces ocupaba el cargo de Interventor de Aduanas en Sánchez. El gobernante lo destituyó en el acto.

Leopoldo Franco apunta que el comportamiento dictatorial de Lilís influyó en el ánimo de don Gregorio, provocándole una desazón tan profunda que a la postre se convertiría en depresión permanente, la cual le acompañaría hasta su muerte el 19 de diciembre de 1889 en La Vega. Murió cargado de prestigio y de gloria moral pero arruinado y dejando a su familia en la pobreza. El hijo dice: Tan rudo golpe lo decepcionó de tal manera que murió de una afección al corazón y paralítico y arruinado. Contaba 56 años de edad.

Sus restos reposan en la catedral de La Vega.

Fuentes : http://historiadominicanaengraficas.blogspot.com/2016/06/gregorio-riva.html

Las Hermanas Villa del Orbe, su papel en la historia

Las Hermanas Villa del Orbe, su papel en la historia de La Vega, el Cibao y el País. 4 de marzo del 1844, en La Vega

Por Ubaldo Solís
La Vega, como la llamaba Don Jovino A. Espinola Reyes, “blasonada ciudad. Sultana del Camú, cuyo perfume balsámico satura el ambiente fresco y delicioso, contribuyendo a la más agradable y sana temperatura tropical, en consorcio con las arrulladoras y limpias aguas del legendario Camú, que amorosamente baña sus pies”.

Hoy ese concepto de nuestra ciudad se ha perdido, en todos sus aspectos y solamente nos queda el recuerdo de un pasado glorioso que se ha perdido, que muchos añoramos, lamentando por haberse diluido en la bruma del tiempo.

María del Carmen, María Francisca y Manuela Villa y Orbe, al igual que otras prestantes, ilustres, apegadas al interés de la patria, que dieron sus mejores años de sus vidas al sagrado fervor patriótico que han marcado un hito en el devenir de la historia del pueblo dominicano, haciendo resaltar la hidalguía de lo que fue el pueblo vegano. Han sido sepultados en el olvido.
Por esa rara característica de los veganos de ser olvidadizo, de no reconocer a sus conciudadanos que han hecho la historia de esta ciudad del Camú.

Con las Hermanas Villa del Orbe, se ha cometido un injusticia, no se le ha dado el sitial que estas heroicas damas se merecen, su patriotismo debe ser resaltado con más vigor, deben ser promovida como el ejemplo de amor a la patria, para una generación que le han negado su conocimiento, son poco los estudiantes que conocen a cabalidad quines fueron esta sensibles mujeres, que supieron interpretar el llamado de la patria, cuando ésta le fue solicitado.

Es de reflexionar sobre el desconocimiento de esta generación sobre las principales figuras de nuestro devenir histórico como también de los acontecimientos que estos produjeron. Si en muchos centros educativos, se le preguntara a los alumnos quienes fueron las Hermanas Villa del Orbe, un porcentaje alto diría que no sabe, han escuchado de ellas pero desconocen su papel, aún peor si se le preguntara los nombres de estas tres prestantes damas de la colectividad vegana, que le tocaron vivir en la mitad del siglo XIX, su repuesta seria no saben como se llamaban.

Por lo que es un deber de las autoridades educativas de este pueblo incentivar el conocimientos de nuestros personajes, por lo cual somos un pueblo, por el que nos llamamos culto, olímpico, con una historia llena de heroísmo y valentía, que hoy han sido sepultada en el olvido a consecuencia de una tran -culturización que han traído vicios, corrupción, ignorancia y una amalgamas de figuras extraña

Después de María Trinidad Sánchez, ningún corazón de mujer dominicana ha comprendido con más fervoroso amor al patriotismo como las nobles señoritas Villa del Orbe. Virtuosas, de fecundisima abnegación y desinterés abrazaron con unión mística ante el altar resplandeciente de la Patria, el llamada que esta le hiera en los más hondo del sentimiento patrio. En los días dolorosos de la amarga esclavitud de la afrentosa dominación haitiana

Las Hermanas Villa del Orbe, constituyeron en la historia social dominicana, un vivo ejemplo de los más altos frutos que puede dar a la patria la mujer, cuando encarnada en la santidad del hogar siente el compromiso de luchar por la libertad ante el llamado de la conciencia ciudadana. Echándose confiadamente en brazos del decoro, la laboriosidad, y la lucha, inspirada en un noble ideal del bien colectivo, con fe, vergüenza, amor y entusiasmo por la liberación de la patria mancillada por el dominio extranjero.

Dedicada a la costura, se distinguían en el arte del bordado, administraban sus bienes situado en el paraje el Tengue, de la ciudad. El hogar de las hermanas, era sitio de reunión en los días amargos de la ocupación haitiana, donde se laboraba por la libertad del pueblo dominicano.

Sus padres; Don Juan Ramón Villa, Regidor, Alférez Real y Alcalde Ordinario de la ciudad de La Vaga, por el año de 1811, y Doña María de la Antigua del Orbe, tuvieron un hermano de nombre Manuel Francisco, nacido por el 1811, Don Juan, falleció el 13 de diciembre de 1843, a los 62 años de edad

Alcides García, en un valioso trabajo histórico “La Concepción de La Vega”, publicado en la Revista “La Opinión” en octubre de 1824, dice “cuando la Trinitaria de Santo Domingo, envió para el Cibao a Juan Evangelista Jiménez, con el Manifiesto Revolucionario, La Vega, abrazó al punto la santa causa y la familia Villa del Orbe escondió a Jiménez, al ser descubierto y perseguido, y en la fiesta del Santo Cerro, donde acudió el dirigente propagandista en cumplimento de su misión; Manuel María Prometa, ofreció que sus hijos sirvieran de cartuchos ( Los Prometas, fueron una distinguida familia, que presto importantes y valiosos servicios a la causa de la Patria, emparentados con las hermanas Villa del Orbe)

El historiador José Grabiel García, dice de de estas meritorias Damas Veganas, resaltándolas por el trabajo suyo a favor de la causas. “al llegar Pedro Ramón Mena, a La Vega, el día 4 de marzo de 1844, lo encontró todo preparado y hasta la bandera hecha por las señoritas Villa del Orbe, (Compendio de Historia Dominicana, tomo II, Pág. 237).

Don Manuel Ubaldo Gómez, dice, “ La Vega, tiene el honor de haber sido la primera que secundo el Grito Restaurador, iniciado en la Línea Noroeste y haber sido la primera población del Cibao que vio flotar el pabellón tricolor Dominicano, en el cielo azul, el 4 de marzo de 1844.”

En el sitio donde hoy esta el edificio del Casino Central, por lo cual se le dio el nombre a la calle de Independencia, por resolución municipal del 3 de enero del 1889 (La Vega y sus Calles de Mario Concepción, Provega, Santo Domingo, 1986, Pág. 39)

Esa Bandera, azul, rojo y cruzada por una franja blanca, recibió por primera vez un jubiloso saludo de gloria y triunfo en el cielo de las viriles regiones cibaeñas.

De un pueblo heroico, valiente, decidido a luchar por desterrar del suelo Quisqueyano, opresor, cruel e inhumano ejercito haitiano. Fue la obra inspiradoras de tres corazones que vibraron al unísono entregando todos los impulsos de su fe generosa al alma ardiente de la Patria. María del Carmen, María Francisca Angustia y Manuela Villa del Orbe.

Sobre el fallecimiento de ella, no hay fecha, solamente se reseña el de María Francisca Angustia, fallecida a los 84 años de edad, por el 1898, (Archivo del Estado Civil, La Vega), no se sabe si fue ella la primera o la última en fallecer (Historia de la concepción de La Vega, de Guido Despradel Batista, imprenta La Palabra, La Vega, 1935, Pág. 258)

Esta ciudad ha concebido mujeres a quienes le ha tocado en su momento juzgar un papel importante en el devenir histórico de nuestro pueblo dominicano desde diferentes posiciones y sus aportes han quedado imperecederos en los anales de la República Dominicana, ejemplo de ellas;

Juana Trinidad (Juana Saltitopa), La Coronela, del 30 de marzo, heroína, nacida en un campo de esta ciudad, Jamo, su existencia no es hija de la fantasía vaporosa de las leyendas sino de hecho real admitido por la historia admitiendo la magnitud del valor de la hazaña realizada por esta valerosa dama
Juana Dolores Gómez, eminente educadora, supo encaminar su enseñaza por sendero de libertad, ofrecer los frutos de la cultura a través de dos generaciones. Creció en un ambiente de lucha liberadoras, se dio por entero a la educación de la juventud femenina de su época

Trina Moya de Vásquez, poetiza de una gran sensibilidad humana extraordinaria, amo a su pueblo maternalmente, su mejor demostración lo es su poema “Añoranza”, autora del canto más sublime que se haya compuesta a LAS MADRES, himno a la LAS MADRES, el cual le da la inmortalidad. Casada con el Presidente Horacio Vásquez

Ubaldo Solis
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: Fuentes Consutaldas
La Vega Histórica, de Jovino R. Espinola, volumen 1,
Ediciones Fedilibro, 2005
Historia de la Concepción de La Vega, de Guido Despradel Batista,
Imprenta La Palabra, La Vega, 1938,
Resplandores de Gloria, de Carmen Lara Fernández, Editora Montalvo, Ciudad Trujillo, Rep. Dom. 1945,
José Grabiel García, Compendio de Historia de Santo Domingo, T, II
Resplandores de Gloria,
Rufinito, de Don Federico García Godoy,
Cuaderno, La Concepción de la Vega y Las Gestas Liberadora de
Cesar Arturo Abreu Fdez. Enero 2003, Impresora Universal, La Vega,

Rafael Hipólito Mejía Domínguez

* 22 de febrero de 1941, Gurabo, Santiago de los Caballeros, provincia de Santiago.

Segundo de dos hermanos, pertenece a una familia con ancestros catalanes –particularidad compartida con algunos de los más destacados dirigentes contemporáneos del país-, siendo uno de sus abuelos oriundo de la provincia española de Lleida. Realizó los estudios primarios en su municipio natal de Santiago de los Caballeros y los secundarios, desde 1957, en el Instituto Politécnico Loyola, centro regentado por los jesuitas en San Cristóbal, capital de la provincia homónima, donde se graduó como perito en Agronomía en 1962.

Dos años después, inició una temporada lectiva en la Universidad estadounidense de Carolina del Norte para familiarizarse con los procedimientos del procesado industrial del tabaco. También en 1964, contrajo matrimonio con Rosa Gómez Arias, joven atraída por el voluntariado social. La pareja pasó a compartir actividades en el Movimiento Familiar Cristiano, una entidad seglar dedicada a promover los valores de la familia católica en la sociedad dominicana, e iba a tener cuatro hijos, dos chicos y dos chicas.

Tras completar su instrucción académica, Mejía fue contratado por el Instituto del Tabaco (Intabaco) como investigador agrícola. Allí desarrolló labores de campo antes de convertirse, en un tiempo muy breve y con sólo 25 años, en el director en jefe de este organismo nacional, siendo el cuarto titular desde la creación de la entidad en 1962. El puesto, de alto relieve, era consustancial al rango de subsecretario de Agricultura del Gobierno. Transcurría 1966 y el país había dejado atrás el tumultuoso 1965, año en que las asonadas golpistas y la herencia mal asimilada de la dictadura trujillista desembocaron en una guerra civil y en la invasión militar estadounidense, la cual frustró el programa de Gobierno nacionalista y revolucionario del coronel Francisco Caamaño Deñó y prologó el régimen derechista de Joaquín Antonio Balaguer Ricardo.

Ajenos a la efervescencia política que sacudía la República Dominicana, Mejía y su equipo de técnicos trabajaron en la organización de cooperativas tabacaleras y en la mejora de las variedades autóctonas de la planta solanácea. Con él a su frente, Intabaco introdujo la variedad de rubio para la producción industrial de cigarrillos. Los logros de Mejía en el sector tabacalero llamaron la atención de la compañía estadounidense de fertilizantes agrícolas Rohm and Haas, que en 1967 le ofreció un puesto de alto ejecutivo con jurisdicción sobre el área del Caribe. Su misión, investigar y desarrollar nuevos abonos que permitieran aumentar la productividad agrícola.

Mejía estuvo con la Rohm and Haas hasta 1973. Entonces, pasó a Industrias Linda, donde se desempeñó como vicepresidente del Departamento de Planificación y Desarrollo Agrícola, figurando entre sus competencias la mejora de las técnicas de cultivo del tomate, el frijol, el ají y otros productos del campo dominicano. Además, en 1971 fue elegido presidente de la Asociación Nacional de Profesionales Agrícolas (ANPA).

Aunque no involucrado por el momento en las lides políticas, Mejía era simpatizante, que no afiliado, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), histórica formación fundada el 21 de enero de 1939 por, entre otros, el líder izquierdista Juan Bosch Gaviño, efímero presidente democrático de la República derrocado en un golpe reaccionario en 1963. Desde 1973, año en que Bosch lo abandonó para formar su propia fuerza política, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD, inicialmente marxista y luego orientado al centro), el PRD adquirió una impronta socialdemócrata, ingresó en la Internacional Socialista y luchó denodadamente para vencer en las urnas al Gobierno autoritario del Partido Reformista (PR) y el presidente Balaguer, que no vacilaban en desatar la violencia represiva y en trucar los procesos electorales para mantenerse en el poder.

Cuando de la mano de su candidato, Antonio Guzmán Fernández, el PRD ganó las elecciones presidenciales de mayo de 1978 (derrota que Balaguer intentó disfrazar con un fraude tan escandaloso que el Gobierno estadounidense, temiendo otra guerra civil, intervino en la crisis y obligó a transigir al caudillo reformista) y regresó al poder ejecutivo tras su malhadada titularidad de hacía 15 años, Mejía fue designado por su correligionario y amigo personal para el puesto de secretario de Estado -esto es, ministro- de Agricultura, lo que supuso su salto a la política. Podía decirse que este despacho gubernamental le venía a Mejía, con toda su experiencia profesional y sus conocimientos técnicos, como anillo al dedo, y, ciertamente, con él al mando, el ministerio promovió numerosos proyectos y normativas que hicieron un gran servicio al desarrollo agropecuario nacional, aunque hubo de lidiar con las devastaciones que provocaron los huracanes caribeños y la fiebre porcina.

Con la llegada a la Presidencia de Salvador Jorge Blanco en agosto de 1982 (semanas después de quitarse la vida el mandatario saliente, Guzmán), no obstante pertenecer también al PRD, Mejía cesó en el Ejecutivo y regresó a las actividades profesionales en el sector privado. En las elecciones de aquel año candidateó a senador en representación de Santiago, pero no salió elegido. En los años siguientes, el agrónomo progresó al frente de una serie de empresas familiares dedicadas a la fabricación y venta de productos agroquímicos y semillas, si bien se mantuvo activo en la política nacional en tanto que vicepresidente nacional del PRD. También, prestó consultoría internacional en su especialidad técnica.

En 1990, el presidente del partido, José Francisco Peña Gómez, le incluyó en su fórmula electoral como candidato a vicepresidente de la República, pero la reciente escisión encabezada por el que fuera vicepresidente con Guzmán, Jacobo Majluta Azar, que concurrió al frente del Partido Revolucionario Independiente, perjudicó las posibilidades del PRD, tal que en mayo de ese año el tándem Peña-Mejía quedó en un mediocre tercer lugar tras el aspirante a la reelección y a la postre vencedor, el incombustible Balaguer, jefe del ahora llamado Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), y el propio Bosch, por cuenta del PLD.

A lo largo de la década, Mejía fue testigo de la recuperación electoral de su partido. En las caóticas elecciones generales de mayo de 1994, Peña Gómez vio literalmente hurtada la victoria mediante un fraude masivo en beneficio de Balaguer, quedándole como único recurso el pataleo, aunque los perredeístas sobrepasaron a sus adversarios derechistas en las dos cámaras del Congreso de la República. En las presidenciales anticipadas de mayo de 1996, convocadas en virtud del Pacto por la Democracia suscrito por los tres partidos principales (el PRSC, a regañadientes) para superar la crisis poselectoral de 1994, Peña Gómez tuvo de nuevo la victoria al alcance de la mano, sólo que esta vez el casi nonagenario Balaguer, en un brillante ejercicio de maquiavelismo político, se la birló movilizando todos sus recursos de caciquismo electoral en favor del aspirante del PLD, Leonel Antonio Fernández Reyna, quien se proclamó presidente en la segunda vuelta.

La coalición de intereses entre el PRSC y el PLD, insólita en dos partidos que habían sido enemigos acérrimos durante décadas pero que fue facilitada por la progresiva derechización del segundo, no pretendía otra cosa que cerrarle el paso a Peña Gómez, que era de una raza, la negra, tradicionalmente despreciada por las élites dominicanas. Balaguer no tuvo inconveniente en permitir que su partido presentara un candidato propio, Jacinto Peynado Garrigosa, el vicepresidente saliente de la República, quien hizo el papel de comparsa en esta intriga.

La muerte de Peña Gómez el 11 de mayo de 1998, pocos días antes de celebrarse los comicios legislativos y municipales, generó un efecto de simpatía que magnificó las ya excelentes perspectivas electorales del PRD: los pronósticos se cumplieron y el partido conquistó la mayoría absoluta en el Congreso y buena parte de las 115 alcaldías sujetas a renovación. La desaparición de su mentor político también determinó los planes personales de Mejía, que hizo pública su precandidatura presidencial, aunque contrincantes internos no le faltaban. De hecho, la unidad del PRD había quedado rota.

El 20 de junio de 1999 el PRD, bajo la presidencia orgánica de Emmanuel Esquea Guerrero, celebró una elección primaria de la que Mejía salió proclamado candidato con más del 80% de los votos. El perito agrícola fue declarado vencedor sobre cuatro contendientes, entre ellos la senadora Milagros Ortiz Bosch, sobrina de Juan Bosch (quien iba a fallecer en noviembre 2001 a la venerable edad de 92 años) y el ex secretario de Estado de Turismo Rafael Suberví Bonilla, que acusó al comité organizador del partido de haberle perjudicado deliberadamente en la fase previa al no incluir en el padrón electoral a miles de afiliados próximos a su precandidatura. La impugnación de Suberví no duró mucho y Mejía elevó un llamamiento a la unidad del partido para encarar con optimismo las elecciones presidenciales de 2000. Dicho y hecho, ya que Milagros Ortiz accedió a ser su compañera en la papeleta presidencial y el propio Suberví fue complacido con la reserva para él de la importante Secretaría de Turismo, su antigua oficina.

Utilizando un estilo popular y directo, alardeando de no tener pelos en la lengua y de ser sincero en toda circunstancia, y sacando partido de su exhaustivo conocimiento de las diversas realidades del país, que era fruto de sus numerosos viajes por motivos profesionales o para hacer proselitismo político, Mejía se presentaba como un granjero jovial y avezado, que estaba perfectamente al tanto de las penurias de los desfavorecidos (no menos del 25% de la población vivía bajo el umbral de la pobreza) y que sabía cómo confrontar las problemáticas del campesinado (el 17% de la fuerza laboral, en un sector, el agropecuario, que ya sólo aportaba el 11% del PIB).

La nueva dirigencia del PRD estaba resuelta a seguir capitalizando el enorme predicamento que Peña Gómez había tenido entre las masas pobres, y Mejía, sin forzarse en demasía porque la espontaneidad era una de sus señas de identidad, se desenvolvió con campechanía e incluso irreverencia a la hora de poner en solfa determinados modos y políticas del establishment conformado por los prebostes del PLD y el PRSC. Mejía se enfrentaba, por el PLD a Danilo Medina Sánchez, secretario de Estado de la Presidencia en el cuatrienio, y por el PRSC al mismísimo Balaguer, convertido en leyenda viva: con 93 años, el sempiterno caudillo dominicano, presidente de la República durante 24 años repartidos en tres períodos, optaba por novena vez a la suprema magistratura, a pesar de su ceguera total, sus serias limitaciones auditivas y verbales, y su incapacidad para mantenerse en pie.

Puesto que no podía sacar votos a costa de los aspectos puramente macroeconómicos del legado de Fernández Reyna, como eran el crecimiento del PIB a un ritmo en torno al 8% anual (la tasa más alta del continente), la multiplicación de las inversiones foráneas, la estabilidad monetaria del peso y el mantenimiento de la inflación bajo control, Mejía centró sus propuestas de campaña en un terreno, el social, al que el poder había prestado mucha menos atención que las transformaciones modernizadoras y la liberalización acelerada de las estructuras.

Así, Mejía prometió reducir la brecha entre ricos y pobres haciendo llegar a todos los dominicanos los beneficios del boom económico de los últimos años, que descansaba en el turismo de hotel y playa, el sector de la construcción, los servicios de telecomunicaciones (entre los más avanzados de América Latina) y los negocios de exportación de maquila en las zonas francas. Su gobierno sería de “rostro humano” y dedicaría al gasto social hasta el 50% del presupuesto. También, adelantó que iba a revisar, sin descartar la renacionalización, algunas de las privatizaciones ejecutadas por el Gabinete peledista, empezando por la de la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), ahora llamada Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE).

La segmentación de la CDE en cinco empresas de titularidad privada, dos de generación y tres de distribución (área ésta en la que el Estado, a través de la CDEEE, fungía de copropietario), estaba revelándose como un enorme fiasco, ya que las nuevas compañías energéticas, no sólo no habían mejorado el servicio, sino que venían sometido a los sufridos abonados, que eran tanto particulares como industrias enteras (con las consiguientes pérdidas millonarias para éstas), a continuos e interminables cortes en el suministro. El Gobierno del PLD no se decidía a tomar cartas en un asunto que presentaba las características de una estafa al Estado. A mayor abundamiento, las tarifas eran caras, todo lo cual concitaba contra las compañías un sinfín de quejas por negligencia, abuso y desfachatez. El problema era muy serio y no tenía una solución fácil, aunque cabía esperar de las autoridades surgidas de las elecciones más firmeza con quienes no estaban cumpliendo con sus obligaciones. Sobre el particular, Mejía prefirió pasar de puntillas, no asumió compromisos concretos y señaló que ya se encargaría de que el servicio eléctrico fuera eficiente.

Por otro lado, Mejía era consciente de que los mensajes de contenido social y las sugerencias de intervencionismo del Estado causaban aprensión en el empresariado, así que dio las oportunas seguridades de que respetaría y prolongaría las reformas promercado impulsadas por el presidente saliente. Es más, concedería, aseguró, nuevas facilidades a la inversión extranjera, citando en particular la de Estados Unidos, aunque ciñó la misma a unos resultados en las materias de creación de empleo y de elevación de las rentas de la población, esto era, a las actividades productivas de gran repercusión social. Asimismo, afirmó que buscaría gobernar por consenso y desde el más absoluto respeto a las instituciones, y que combatiría la corrupción, la cual, opinaba, había proliferado bajo la Administración del abogado mulato.

La campaña de las presidenciales, como venía siendo por costumbre en la democracia dominicana, estuvo plagada de zancadillas y palabras broncas. Mejía, objeto de ácidos reproches desde el oficialismo, donde se le pintaba de populista vocinglero con oratoria vulgar y sin nociones claras sobre cómo conducir el país, se quejó de que le estaban destinando una propaganda “sucia” que nacía de una cultura instalada en el “canibalismo político” y el “irrespeto a la institucionalidad”.

Por ejemplo, los medios gubernamentales se encargaron de aventar, y de ridiculizar, las expresiones locales utilizadas por Mejía en un encuentro con inversores en Miami. En esa ocasión, el aspirante presidencial, con su pintoresquismo inveterado, presentó como atractivos turísticos de la República Dominicana a «las mulatas, morenitas y blanquitas», frase que fue calificada por los peledistas de ofensiva y denigrante para la mujer dominicana, y que pasó a engrosar su lista de “vainas”, u ocurrencias, como él mismo llamaba. A medida que se acercaba el día de las elecciones, el 16 de mayo, la campaña fue subiendo de tono. No por casualidad, los denuestos contra el socialdemócrata arreciaron a medida que las encuestas le otorgaban la proclamación presidencial, incluso sin necesidad de acudir a la segunda vuelta.

El 9 de mayo estalló el escándalo cuando la Policía acusó formalmente a tres miembros del servicio de seguridad particular de Mejía de haber matado a balazos a dos activistas progubernamentales durante un acto de campaña del candidato en la norteña ciudad de Moca el 29 de abril. Dos de los guardaespaldas fueron puestos bajo arresto y el tercero se dio a la fuga. La Policía fundó su imputación en una grabación de video en la que se mostraba a uno de los tres presuntos homicidas disparando a quemarropa a un manifestante del PRSC, que resultó herido de gravedad.

La reacción de Mejía fue denunciar la videocinta como un “montaje bochornoso” para incriminarle en unos asesinatos en los que su gente, recalcó, no había tenido nada que ver. Los portavoces del partido opositor explicaron que los escoltas, en efecto, habían llegado a desenfundar sus armas, pero porque existía un amago de agresión contra su jefe. Simultáneamente, el Gobierno no tuvo ambages en reconocer que los servicios de inteligencia del Estado venían sometiendo a Mejía a un seguimiento exhaustivo, haciendo poner el grito en el cielo al PRD, que vio justificadas sus denuncias de espionaje político.

De todas maneras, en el electorado prevalecieron el malhumor por las políticas liberales de Fernández Reyna y por el desbarajuste del servicio eléctrico, y, en consecuencia, el deseo de un cambio de rumbo, así que Mejía se adjudicó la victoria con un rotundo 49,87% de los sufragios. En puridad, al no alcanzar el preceptivo 50%, Mejía debía verse las caras en una segunda vuelta el 30 de junio con su inmediato rival, Medina, al que sacó nada menos que 25 puntos de diferencia, pero el candidato del Gobierno arrojó la toalla tras constatar que no iba a recibir el apoyo del PRSC, es decir, a repetirse el escenario de 1996. Balaguer, al que la parca concedió aún dos años más de vida, quedó en un meritorio tercer lugar y a punto estuvo de desbancar a Medina. Inopinadamente, Mejía y Balaguer se disponían a establecer una relación efectiva y afectiva, con piropos constantes del primero al segundo y un respaldo parlamentario de éste a aquel, hasta que se produjo el desenlace biológico del antiguo servidor de Trujillo.

Nada más ser proclamado presidente, Mejía brindó su triunfo al difunto Peña Gómez y planteó la formación de un Gobierno de unidad nacional abierto a “los mejores”, sin importar la filiación partidista. Pero gozar de la mayoría absoluta en el Legislativo era una ventaja demasiado seductora como para desaprovecharla con gestos de magnanimidad, sobre todo si se entraba en el Palacio Nacional con una agenda rica en proyectos, así que la oferta no llegó a materializarse.

El 16 de agosto de 2000 Mejía tomó la banda presidencial y comenzó su mandato de cuatro años en presencia de nueve gobernantes, en ejercicio o antiguos, de los países más vinculados a la República Dominicana. El primer jefe del Estado del PRD desde hacía 14 años anunció un paquete de medidas para los primeros 100 días de Gobierno cuyo epítome era el “mantenimiento del equilibrio macroeconómico con un rostro humano”. El plan, muy ambicioso, contenía actuaciones urgentes para corregir importantes deficiencias en los campos de la educación, la sanidad, la nutrición, el medio ambiente, la producción agrícola, la vivienda, la función pública y la seguridad ciudadana, e iba a requerir una inversión total de 5.000 millones de pesos, unos 312 millones de dólares al cambio de entonces. Según el flamante presidente, ese dinero iba a obtenerse con cargo al presupuesto del Estado y de los fondos de depósito de las instituciones locales.

Todo esto era, naturalmente, bienvenido por la población. Pero Mejía anunció y aplicó también una impopular subida media del 25% en el precio de los combustibles, para compensar el encarecimiento del petróleo y evitar hinchar más la deuda pública interna, rayana en los 1.000 millones de dólares. Antes de abandonar el poder, Fernández Reyna había amagado con aplicar esa medida. Precisamente, en la precampaña, Mejía advirtió al peledista que la subida de las gasolinas, además de castigar a la población, generaría una inflación incontrolada. Ahora, no parecía temer tanto el segundo escenario, así que el Gobierno decretó unas alzas de precios que no afectaban al propano y la electricidad.

En los meses siguientes, el equipo de Mejía acometió planes de expansión agropecuaria, hidroeléctrica y de las comunicaciones terrestres. La cosecha del banano con tratamiento ecológico (del que la República Dominicana es el primer productor mundial) tuvo unos resultados muy satisfactorios. En cuanto a la red viaria nacional, fue sometida a obras intensivas de reparación y construcción, mayormente vinculadas a los intereses turísticos.

También, se pusieron sobre la mesa sendos megaproyectos para tender el primer tren de pasajeros del país, entre Santo Domingo y la ciudad portuaria de Haina (la línea de ferrocarril en servicio se destinaba exclusivamente al transporte de caña de azúcar desde las plantaciones a las procesadoras), y un tranvía capitalino. El Gobierno aseguró que la tesorería pública no pondría un peso para financiar estas construcciones y que las adjudicatarias privadas invertirían los 450 millones de dólares necesarios para hacer realidad dos vías de comunicación consideradas fundamentales. Sin embargo, nada de todo esto se llevó a cabo.

Finalmente, la pretensión de reducir la pobreza y el generoso subsidio a los alimentos básicos y el consumo energético requirieron de una subida de impuestos que pasó el escrutinio de la Cámara de los Diputados en diciembre de 2000 y que el presidente quiso orientar a los contribuyentes jurídicos. También, con el argumento de la austeridad, el nuevo poder despidió a decenas de miles de funcionarios que en su gran mayoría, lo cual no debía tomarse por casual, habían sido nombrados por la Administración anterior. Cuando empezaron las suplencias, saltó a la vista que muchos de los que estrenaban puesto eran personas ligadas al PRD, lo que alentó las denuncias de perpetuación de los usos patrimonialistas del Estado.

2000 registró todavía un crecimiento económico bastante impresionante, el 7,8%. Pero en 2001, la contracción de los intercambios en el comercio regional, la recesión en Estados Unidos y el efecto negativo de los atentados terroristas del 11 de septiembre pasaron factura a las exportaciones efectuadas desde las zonas francas y al turismo, con el resultado de la pérdida de miles de puestos de trabajo y un descenso general de la actividad. El año cerró con una tasa de crecimiento del PIB del 3% y un repunte inflacionario, rozando el índice el 9%.

Al comenzar 2002, los sectores productivos experimentaron una recuperación, alimentando la percepción de que el contratiempo había sido superado. Por lo demás, el comportamiento de los precios, gracias a que estaban subsidiados, era clemente y el Gobierno siguió proyectando una imagen de dinamismo y preocupación social, aunque empañada por la lentitud o la paralización de varios proyectos emblemáticos. Mejía llegó al ecuador de su mandato con una erosión evidente pero conservando una importante cuota de credibilidad. Todo esto tuvo su reflejo en las elecciones legislativas del 16 de mayo de 2002, en las que el partido del presidente retrocedió a los 73 diputados y perdió la mayoría absoluta en la Cámara baja, si bien incrementó sus senadores de 24 a 29 (sobre 32). En cuanto a los comicios locales, los perredeístas ganaron en 104 de los 125 ayuntamientos, entre los que no estuvo Santo Domingo, ido a manos del PLD.

El gran beneficiario de la jornada fue el PRSC, que más que duplicó sus diputados. La formación conservadora, manejada por Balaguer hasta la víspera de su muerte, el 14 de julio, como si su extrema senectud no contase para nada, se mostraba muy dispuesta a concertar con el PRD, dejando a su antiguo socio, el PLD, en la inoperancia opositora. El momento le pareció propicio a Mejía para presentar un proyecto de reforma constitucional con el objeto de introducir la reelección presidencial por un segundo período consecutivo (la reelección indefinida había sido abolida en 1994 en virtud del Pacto por la Democracia) y rebajar del 50% más uno al 45% el umbral de votos para ser proclamado presidente sin necesidad de la segunda vuelta.

Mejía aseguró por activa y por pasiva que esta reforma no se hacía pensando en sí mismo, y que él no iba a ser candidato en 2004. Pero éso era precisamente lo que pedían los miembros de un llamado Proyecto Presidencial Hipólito (PPH), que presentaba toda la traza de una plataforma organizada por el perredeísmo más fiel a Mejía para impulsar la que sería la ambición secreta del presidente.

El 13 de julio de 2002, el Congreso, constituido en Asamblea Nacional Revisora de la Carta Magna, aprobó la enmienda que facultaba la reelección con el voto combinado del PRD y el PRSC, pero la modificación constitucional relativa al porcentaje electoral necesario para ser elegido presidente no prosperó porque los asambleístas socialcristianos no quisieron extender su aval a este punto. Además, un grupo de legisladores del PRD votó en contra de la primera medida, escenificando la división interna en el partido gobernante, donde dirigentes como el actual presidente orgánico, Hatuey Decamps Jiménez, no escondían sus apetitos sucesorios. Tampoco faltaron las insinuaciones de compra de votos por el oficialismo con dinero extraído del erario público

A partir de los trabajos de la Asamblea Nacional Revisora la presidencia de Mejía fue, decididamente, cuesta abajo. En septiembre, la decisión del Gobierno de reestructurar a la baja los subsidios otorgados a las empresas de electricidad -lo que iba a suponer la indexación de las tarifas para todos los consumidores excepto los habitantes de las barriadas más pobres-, pero sin comprometerse a liquidar las deudas contraídas por el Estado con ellas, fue respondida por siete plantas generadoras con un corte masivo del servicio que desató la cólera popular en Santo Domingo. Los disturbios callejeros degeneraron en choques de gran violencia entre manifestantes y policías, produciéndose dos muertos.

Mejía transigió ante la contundente medida de presión (o de extorsión) de las compañías eléctricas, algo que venía conociéndose como “apagones financieros”, y dispuso el abono inmediato de 90 de los 320 millones de dólares de la deuda reclamada. Las siete generadoras se reconectaron a la red, pero el caos energético siguió campando por sus respetos, con nuevos cortes que exasperaban a los clientes y el aumento de los impagos y de los robos de suministro. El PLD no daba tregua al presidente, descalificando todas sus decisiones e intentando deslegitimar los trabajos de la mayoría legislativa mandando a casa a sus diputados. Mejía advirtió que, de ser necesario, gobernaría “a decretazos limpios”, pronunciamiento que le valió la imputación de “autoritarismo” por sus detractores.

El súbito encarecimiento de la electricidad por la supresión de los subsidios generó otra ola de descontento popular en febrero de 2003. Ese mismo mes, el Gobierno, confrontado con el descenso de los ingresos del turismo y de las franquicias industriales y de servicios, el descontrol de la inflación, la imparable devaluación de la moneda nacional y la escalada de los tipos de interés, anunció un paquete de medidas de austeridad, principalmente un impuesto adicional del 10% a los bienes importados no indispensables y la retirada de circulación por el Banco Central de 300 millones de pesos (12,5 millones de dólares). A continuación, el presidente presentó en el Congreso varios proyectos de ley orientados a prevenir la corrupción y la opacidad en el ejercicio de la función pública.

Para el PLD y el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP, la confederación patronal dominicana), estas medidas, bien eran insuficientes, bien estaban desequilibradas porque, en su opinión, hacían recaer todo el peso del ajuste en el sector privado. Tanto unos como otros reclamaban que el Estado también se apretara el cinturón y recortara sus gastos. Los empresarios, en particular, exigían a Mejía que ejecutara el compromiso, asumido en el Pacto por la Estabilidad y el Crecimiento Económico firmado en diciembre, de podar la plantilla de la hipertrofiada administración del Estado y devolverla a sus niveles previos al cambio de Gobierno en 2000. Desde su partido, en cambio, Mejía era presionado para que interviniera sin contemplaciones a las tres empresas distribuidoras de electricidad, EDE Sur, EDE Norte y EDE Este, que eran filiales de dos transnacionales extranjeras, la española Unión Fenosa y la estadounidense AES Corporation, y abriera un concurso de licitaciones para buscar nuevos inversores interesados en el negocio.

Con todo, lo peor estaba por llegar. El 24 de marzo, el anuncio de la absorción del Banco Intercontinental (Baninter) por el Banco Dominicano del Progreso destapó el mayor escándalo financiero en la historia de la República Dominicana, la quiebra de hecho del Baninter, considerado el segundo banco del país (o el tercero, o incluso el primero, no habiendo unanimidad al respecto) en volumen de activos y una fuente de dinero habitual de la clase política sin distingos de partido. De “tragedia nacional” fue calificada la ruina del Baninter, que intentó ser ocultada por sus directivos hasta que los accionistas y el personal jurídico involucrado en la operación dieron la voz de alarma. También resultó decisiva la postura del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los cuales, estando al tanto de la situación, condicionaron la asistencia crediticia que el Gobierno les había solicitado al esclarecimiento del escándalo. Ésto obligó a Mejía, que había saludado con encendidas palabras la mudanza bancaria, a, dando un giro de 180 grados en su discurso, contar la verdad de lo que estaba sucediendo y a tomar decisiones críticas.

El 7 de abril se informó que la fusión bancaria era imposible y el 13 de mayo la Junta Monetaria intervino a la entidad quebrada. A lo largo de estas jornadas aciagas, el jefe del Estado y el gobernador del Banco Central fueron revelando a la estupefacta opinión pública la magnitud del desastre. En síntesis, el Baninter tenía un agujero contable de 55.000 millones de pesos, al cambio, 2.200 millones de dólares, cifra colosal que equivalía al 67% del presupuesto del Estado para 2003, al 15% del PIB y a la casi totalidad de las remesas enviadas por los emigrantes (segunda fuente de ingresos nacional) en un año. Este descomunal déficit era el fruto de 14 años de operaciones fraudulentas registradas en una contabilidad paralela a la oficial.

La indignación fue mayúscula al saberse, de boca del propio Mejía, que desde septiembre del año anterior el Estado había estado aportando al Baninter fondos del erario público para tratar de impedir su colapso financiero. Resultó que el Banco Central le había inyectado 41.000 millones de pesos, transferencia que no terminó hasta el 8 de mayo y que incluyó 17.000 millones para cubrir los depósitos de los clientes, los cuales se lanzaron en masa a retirar sus ahorros. Los analistas encontraron una relación directa entre el gigantesco desembolso y la devaluación del 40% sufrida por el peso en el mismo período. El Gobierno redujo al punto el gasto público y las subvenciones al consumo.

El director del Baninter, Ramón Báez Figueroa, amigo íntimo de Mejía y padrino de una red de financiación a cambio de favores corporativos en la que estaban metidos todos los partidos (amén de mandos militares y policiales, jerarcas de la Iglesia y figuras de la prensa, todos los cuales habrían dado alas durante años a este entramado delictivo o, como mínimo, dudosamente legal, por medio de la colaboración, la complicidad o el silencio), fue arrestado y encarcelado por orden del 7º Juzgado de Instrucción de Santo Domingo a petición de la Fiscalía del Distrito Nacional, que le formuló acusaciones por los presuntos delitos de lavado de activos, estafa, abuso de confianza y emisión de cheques sin fondos. Igual suerte corrieron los dos vicepresidentes de la entidad.

La Fiscalía dispuso también la intervención de los medios de comunicación del Grupo Baninter, todo un emporio mediático consistente en cuatro periódicos, ocho canales de televisión, 76 emisoras de radio y varias decenas de empresas de servicios por cable. Los directores de los rotativos Listín Diario, El Expreso, El Financiero y Última Hora fueron obligados a renunciar y el Gobierno nombró a sus sustitutos a la vez que impuso nuevas gerencias a la Red Nacional de Noticias (RNN) Canal 27, Telecentro Canal 13 y Radio Cadena Comercial (RCC).

La incautación por el Estado se tradujo para algunos medios en su cierre. La avalancha continuó, y la quiebra del Baninter arrastró al desahucio al Banco Nacional de Crédito (Bancrédito) y al Banco Mercantil, desatando el pánico en todas las empresas que sustentaban su negocio en la financiación que recibían de ellos, sobre todo del Bancrédito. El Estado tuvo que salir también a avalar los depósitos del Bancrédito y el Mercantil antes de terminar convertido el primero en el Banco León y ser adquirido el segundo por el Republic Bank de Trinidad y Tobago.

Mejía, que ya había encajado en noviembre el arresto del jefe de la Seguridad Presidencial, coronel Pedro Julio Goico Guerrero, por su presunta relación con una estafa millonaria –al Baninter, precisamente- con tarjetas de crédito, y más recientemente, en enero, la dimisión del procurador general de la República, Virgilio Bello Rosa, por su inacción ante los casos de corrupción, mantuvo el tipo frente a esta cadena de desastres e hizo lo que a la oposición política le pareció un ejercicio de lavado de manos bastante impropio.

El presidente contraatacó lanzando la operación de salvamento estatal de los ahorros de los clientes engañados y acelerando las negociaciones con el FMI para la concesión de un préstamo stand-by de 600 millones de dólares. Claro que esta asistencia urgente iba a quedar condicionada a un plan de austeridad lesivo para la población y, lógicamente, a hinchar la deuda externa, simultáneamente al agrandamiento de la deuda interna. Lo cierto era que los naufragios bancarios iban a tener, estaban teniendo ya, un impacto brutal en la economía nacional y en el bolsillo de los ciudadanos. El único consuelo que cabía albergar era que, gracias a la depreciación del peso, algunas exportaciones y los ingresos por el turismo no podían sino acrecentarse, pero este ímpetu no iba a resultar suficiente para contrarrestar la caída en picado del consumo y el negocio internos, amén de las pérdidas en el sector agrícola. En 2002 la economía había crecido el 3,8%, pero el ejercicio de 2003 se prometía recesivo.

El 11 de junio Mejía hizo alzar muchas cejas cuando pidió “orar a Dios por el bien de la República Dominicana, en momentos en que la fe es necesaria para superar los problemas”. Impetraciones a la divinidad aparte, existía la opinión mayoritaria de que el presidente había contribuido a la confusión y el nerviosismo reinantes con su anuncio del 22 de abril, cuando arreciaba el escándalo del Baninter, de que “autorizaba” al PPH a inscribir su precandidatura presidencial para las elecciones de 2004. La retractación de Mejía después de haberse pasado más de un año diciendo que no aspiraba a la reelección cayó como una bomba en el PRD, donde cobró nitidez la fractura entre el sector ortodoxo, ligado a la sigla y la tradición del partido, y la facción oficialista leal a Mejía por encima de todo. Hatuey Decamps, precandidato in péctore, reaccionó negativamente, y la propia presidenta de la República, Milagros Ortiz, acusó a los promotores de la postulación de Mejía de violar un principio fundamental del PRD como era el rechazo al continuismo en la jefatura del Estado.

El verano de 2003 trajo nuevas algaradas sociales por la carestía de la vida, la penuria de energía eléctrica y la incertidumbre financiera. El clima político se calentó extraordinariamente. El 6 de agosto. el Ejecutivo estableció por decreto un impuesto a las exportaciones del 5%. Ésta era una demanda clave del FMI, que se avino a cerrar el acuerdo de contingencia a dos años el 29 del mismo mes. La República Dominicana recibió un primer desembolso de 120 millones de dólares, pero en septiembre, la decisión unilateral del Gobierno de la compra por la CDEEE a Unión Fenosa de su 50% de participación de capital en las EDE Norte y Sur (la otra mitad de las acciones ya la tenía la CDEEE) fue considerado por el organismo multilateral de crédito un incumplimiento de la carta de intenciones sobre la contención del gasto público, así que declaró en suspenso el stand-by.

Por lo que se veía, los cortes de luz no perdonaban a nadie, y a mediados de agosto la mismísima Cámara de los Diputados se quedó a oscuras en plena sesión de votación de las nuevas autoridades parlamentarias. El incidente se tornó grotesco al escucharse cuatro disparos en el interior de la sala, obligando a la Policía a irrumpir en el hemiciclo y a las tropas de élite del Ejército a acordonar el edificio como medida de protección. Este episodio bizarro se quedó sin esclarecer, pero comentaristas locales lo insertaron en la guerra de banderías que estaba librándose en el seno del PRD.

Ciertamente, la gresca ya estaba organizada entre los diputados perredeístas de las dos facciones, la crítica y la defensora de Mejía, quien fracasó en su intento de mantener como presidenta de la Cámara baja a Rafaela Alburquerque, pese a pertenecer al PRSC. El puesto se lo llevó un hombre de su propio partido y al que Mejía, en teoría, debió haber respaldado, Alfredo Pacheco Ozoria, a quien todo el mundo le suponía miembro del PPH, lo que sugería que el divisionismo había alcanzado incluso a la facción propresidencial. Ortiz, Decamps, Suberví (ahora mismo, secretario general del partido y ministro de Turismo) y otras figuras destacadas del PRD no desaprovecharon la oportunidad de contribuir a la cizaña en el bando de Mejía apoyando a Pacheco, pese a no estar en su lado fáctico.

En la primera mitad de octubre Mejía se topó con el doble bofetón de la Corte Suprema de Justicia, que con escasos días de diferencia declaró en sendas sentencias la inconstitucionalidad de los decretos de febrero y agosto sobre el gravamen de las importaciones y las exportaciones, respectivamente. El Congreso, que ya no era fiable para Mejía, suspendió la aplicación del impuesto del 5% a las ventas al exterior, que tanto perjudicaba a las empresas comerciales pero que era urgido desde el FMI.

Impertérrito, Mejía lanzó su campaña proselitista de cara a las elecciones del año siguiente. La presencia de altos mandos del Ejército y de la Policía Nacional en sus actos fue severamente criticada por lo que parecía una forma de intimidar a los adversarios. Al presidente tampoco le disuadió el resultado de una consulta interna celebrada el 19 de octubre por el PRD, en la que el 92% de los afiliados que depositaron su voto se pronunció en contra del plan reeleccionista. El protagonista de la controversia descalificó este referéndum como “ilegal” y una “pérdida de tiempo”, pero sus rivales le advirtieron de que no iba a poder zafarse de una elección primaria en toda regla, en la que la militancia decidiría a quién quería tener de candidato para enfrentarse con Fernández Reyna, que volvía a la arena presidencial. Algunas encuestas decían que si el PRD era representado por Mejía, su derrota estaba asegurada, y por amplio margen, a manos del PLD: si, en cambio, la postulante era la vicepresidenta Ortiz, el partido en el poder tendría alguna oportunidad.

El 11 de noviembre el país quedó paralizado por una huelga general de 24 horas contra la política económica del Gobierno. Los paros fueron convocados por la llamada Coordinadora Nacional de Unidad y Lucha (CNUL), colectivo formado en diciembre de 2002 por diversas organizaciones populares y sindicales, y sus principales exigencias a Mejía eran la concesión de incrementos salariales del 100%, la desgravación de las gasolinas, una solución definitiva para la crisis de la electricidad y la suspensión de las negociaciones con el FMI. Los choques con las fuerzas antidisturbios de la Policía fueron muy violentos y a su término se contaron ocho muertos, 40 heridos y medio millar de detenidos

El barullo se instaló de tal manera en el PRD que tuvieron lugar, no una, sino dos elecciones primarias. En la primera, celebrada el 7 de diciembre, participaron Decamps, el senador Ramón Alburquerque Ramírez y José Rafael Abinader Wasaf, llevándose la victoria el primero. En la segunda, prevista inicialmente para el 14 de diciembre y luego postergada al día 21 antes de sufrir un nuevo retraso, Mejía debía medirse con Ortiz, Suberví y el ex presidente del partido Emmanuel Esquea, pero los tres decidieron retirarse alegando que los “pepehachistas” habían alterado el padrón en su contra y que el proceso estaba viciado de raíz.

Así las cosas, cuando el 18 de enero de 2004 pudo celebrarse esta singular primaria, Mejía sólo tuvo que enfrentarse con una persona, Frank Joseph Thomén, que no era sino un partidario y amigo personal. Su candidatura fue registrada a toda prisa para dar una imagen de competición interna y únicamente cosechó un 5% de votos. El tortuoso camino de las presidenciales de mayo estuvo completamente despejado para Mejía desde el momento en que la Junta Central Electoral (JCE) dictaminó que la primaria ganada por Decamps no había sido válida por no reunir el quórum de participación necesario que establecen los estatutos generales del PRD.

En enero de 2004 el Gobierno, presionado por el FMI, dispuso toda una batería de medidas de austeridad, tanto impositivas como relacionadas con el gasto. El primer grupo abarcaba una serie de aumentos significativos en los precios de los combustibles y la electricidad, y de las tasas al consumo de alcohol, tabaco y otros productos, así como la eliminación de las exenciones del impuesto sobre la renta a los intereses devengados a las empresas por los certificados del Banco Central.

Al mismo tiempo, el Congreso recibió y aprobó un presupuesto general del año que regularizaba –ahora sí- la gabela del 5% a las exportaciones de bienes y servicios durante seis meses, un recargo del 2% a las importaciones y la duplicación, de 10 a 20 dólares, del cobro de salida del país en los aeropuertos. Por su parte, el Banco Central trasladó el tipo de cambio oficial con el dólar, que el mercado había dejado ridículamente obsoleto, desde los 16,5 pesos a los 44, aunque en algunas operaciones cambiarias la divisa estadounidense se pagaba ya a 60 pesos.

Ahora mismo, la inflación interanual marcaba el 43% -la tasa más elevada del continente-, el paro era del 17% y la deuda externa alcanzaba los 7.600 millones de dólares, el doble que en 2000. En estas circunstancias, no dejó de causar sorpresa, y de invitar a la esperanza, conocer que en 2003 la economía había experimentado un crecimiento negativo del 1,3% cuando un semestre atrás se había vaticinado el -3%. Sin duda, el turismo, los servicios de comunicaciones y la minería del níquel habían salvado al país de lo peor. De hecho, ya estaba en marcha una tímida recuperación.

El encarecimiento de la gasolina repercutió automáticamente en el coste del transporte del autobús, gota que desbordó la paciencia de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Populares, Sindicales y Choferiles y que precipitó el llamamiento a otra huelga general, de 48 horas, para los días 28 y el 29 de enero. Las reivindicaciones eran las mismas que en noviembre, pero ahora se exigía además la moratoria en el pago de la deuda externa, la prohibición de importar artículos de lujo durante dos años, y la fijación de nuevos impuestos a los bienes suntuarios e inmobiliarios, a las rentas de capital y a los beneficios empresariales. El Gobierno replicó que no tenía nada que negociar. Los paros nacionales de enero fueron considerado un “éxito rotundo” por sus convocantes, pero incrementó la cuenta de víctimas de la revuelta social: otras ocho personas fueron muertas por los disparos de las fuerzas del orden, los heridos ascendieron al centenar y hubo 600 detenidos.

Todo esto llenaba de pesadumbre a la opinión pública. Pero, marginadas del candelero informativo, otras tragedias se abatían sobre el país, y éstas eran cotidianas. Por un lado estaba el éxodo de balseros que intentaban llegar por mar a las costas de Puerto Rico, cuyo número crecía de manera exponencial, con el consiguiente aumento de los naufragios por la precariedad de las embarcaciones. En 2003 los guardacostas de la Marina de Estados Unidos apresaron a casi 2.000 inmigrantes indocumentados de origen dominicano, el doble que el año anterior, y en las primeras semanas de 2004 se estaba produciendo un alud sin precedentes. Por otra parte, el drama silencioso de las redadas y expulsiones masivas de haitianos ilegales, desarrolladas con regularidad desde hacía muchos años independientemente de quien gobernase en Santo Domingo, y que tantísimas veces habían ocultado deportaciones forzosas de ciudadanos dominicanos por el mero hecho de ser de raza negra.

El 31 de enero, en plena resaca de la huelga general, Mejía aceptó la nominación presidencial de su partido para las elecciones del 16 de mayo, que, según decían las encuestas, se le presentaban muy cuesta arriba al tener en frente a Fernández Reyna. En el caso de que ganara, Mejía ya no podría postularse nunca más al más mismo cargo o a la Vicepresidencia, según rezaba el remozado artículo 49 de la Constitución. La XX Convención Extraordinaria de los perredeístas, boicoteada por los sectores rivales, fue aprovechada por el mandatario para entonar una vigorosa defensa de su gestión y para realizar un descargo de responsabilidades por el actual estado de cosas en la República Dominicana, que achacó en su totalidad a factores ajenos a su voluntad y su ámbito de decisión, desde los efectos de los ataques terroristas del 11 de septiembre hasta la acción de los especuladores monetarios, que, “como cuervos”, vinieron al país tras la crisis bancaria y “han llenado de hambre al pueblo”.

Arropado por miles de seguidores y por el ex presidente Salvador Jorge Blanco, Mejía aseguró que no iba a aceptar “chantajes” de los organizadores de la huelga, “y mucho menos de estos izquierdistas”, acuñó las promesas de crear medio millón de empleos y de convertir al país en uno de los principales destinos turísticos del continente en su segundo mandato, y, con tono porfiado, sentenció que vislumbraba “un futuro de paz, trabajo, armonía y prosperidad para todos los dominicanos, si somos capaces de vencer a los enemigos que hoy nos amenazan: el abuso, la voracidad y el egoísmo de los poderosos’’.

La Convención decidió también sustituir a Decamps por Vicente Sánchez Baret como presidente orgánico y ratificar en la Secretaría General del partido a Suberví, quien, como Decamps, y al igual que Ortiz, Alburquerque y Esquea, no quiso estar presente. Suberví adornó su boicot a la proclamación presidencial de Mejía con la declaración de que se había asistido a “la muerte del PRD, su entierro oficial”. Pero los cambalaches políticos ya estaban en marcha y a comienzos de marzo el país se desayunó con la noticia de que el secretario de Turismo era el compañero de fórmula elegido por Mejía para optar al puesto de vicepresidente.

Antes de las elecciones, el 21 de abril, Mejía tomó una decisión trascendente de política exterior, la orden de retirada inmediata de los 300 soldados que servían en el Irak ocupado dentro de la Brigada Plus Ultra, integrada por contingentes hispanos de cinco nacionalidades y componente de la llamada División Multinacional Centro-Sur (MND-CS), con campo de operaciones en las provincias sureñas de Najaf y Qadisiyah. Las tropas dominicanas habían sido despachadas en agosto de 2003 por un motivo exclusivamente político, complacer al Gobierno de George W. Bush, y venían estando supeditadas a una cadena de mando militar que empezaba con España, seguía con Polonia y terminaba, en la cúspide, con Estados Unidos.

El anuncio de Mejía fue inmediatamente posterior a las órdenes de retirada de sus tropas impartidas por los gobiernos de España, cuyo contingente era la columna vertebral de la Plus Ultra, y Honduras. Por lo demás, la postura proestadounidense de Mejía en vísperas del inicio de las hostilidades contra el régimen de Saddam Hussein el 20 de marzo de 2003 acarreó la dimisión, el día 26 de ese mes, del secretario de Relaciones Exteriores, Hugo Tolentino Dipp, que consideraba inapropiado este alineamiento.

La participación de la República Dominicana, si bien de manera testimonial, en las labores de vigilancia de la seguridad y de reconstrucción posbélica en el país árabe tras la extremadamente polémica invasión de marzo de 2003, en retrospectiva, ha tendido a monopolizar el comentario sobre el quehacer de Mejía en política exterior. Aunque no se venía caracterizando especialmente por el activismo allende las fronteras nacionales -aspecto que sí había definido el cuatrienio de Fernández Reyna-, en la primavera de 2004 la presidencia de Mejía tenía ya en su haber unos cuantos eventos de alto relieve relacionados con la integración económica regional.

Así, el 25 de mayo de 2001 el presidente asistió en Salvador en calidad de observador a la III Reunión de Jefes de Estado y de Gobierno entre la República de China (Taiwán) y los Países del Istmo Centroamericano. También, representó a su país en la I Cumbre del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), la Comunidad del Caribe (CARICOM) y la República Dominicana, en Belice el 5 de febrero de 2002. No siendo miembro de estos organismos, la República Dominicana había suscrito con los dos sendos acuerdos de libre comercio que entraron en vigor durante el mandato de Mejía: el del CARICOM, el 1 de diciembre de 2001, y el del SICA, país por país (El Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica, por este orden) entre octubre de 2001 y marzo de 2002.

Más recientemente, el 19 de diciembre de 2003, Mejía había tomado parte en Belice en la XXIII Reunión Ordinaria del SICA, cita de trascendencia histórica porque supuso la vinculación formal del país caribeño al SICA con el estatus de país asociado. Y el 5 de agosto de 2004, a punto de expirar el cuatrienio, la República Dominicana iba a sumarse al Acuerdo de Libre Comercio de Centroamérica (ALCC o CAFTA) del que formaban parte Estados Unidos, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala y Costa Rica. Finalmente, hay que consignar que Playa Bávaro, famoso destino turístico de la costa extremo oriental, acogió el 15 y el 16 de noviembre de 2002 a la XII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

El 16 de mayo de 2004 el pueblo dominicano acudió a votar y, sin sorpresas, Fernández Reyna se proclamó presidente sin necesidad de disputar la segunda vuelta del 27 de junio. El peledista obtuvo el 57,1% de los sufragios y el perredeísta mereció la confianza del 33,6% de los votantes, número más elevado que el barajado por la mayoría de los sondeos y que no estuvo exento de mérito, dados la calamitosa situación económica y social que se dejaba en herencia, el fuerte rechazo popular a las políticas del Ejecutivo y la división instalada, hasta el borde de la ruptura, en las filas del PRD. El hombre del PRSC, Eduardo Estrella Virella, sólo sacó el 8,6% de los votos.

Mejía aceptó sin rechistar, con gesto de buen perder, el veredicto de las urnas y felicitó a Fernández Reyna por su triunfo. Hasta la transferencia del poder, el 16 de agosto, el antiguo ingeniero agrícola tuvo que hacer frente, a finales de mayo, al desastre provocado por la brutal crecida del río Silié en la zona fronteriza con Haití. La tromba de agua arrasó la localidad de Jimaní, en la provincia sureña de Independencia, donde se contabilizaron más de 800 muertos y unos 320 desaparecidos.

En vísperas de su despedida de la Presidencia, Mejía explicó que a partir de ahora iba a emplearse en actividades mayormente privadas, aunque sin retirarse del todo del plano público y de la política, citando en particular la organización de un “club de amigos” en la provincia de San Cristóbal y la inauguración de una oficina de análisis de asuntos políticos. Con su franqueza y desparpajo característicos, el aún presidente se calificó de “gobernante atípico” y añadió que pretendía adelgazar los 10 kilos que había adquirido durante su paso por el Ejecutivo, -“aunque después dirán que tengo el SIDA”, comentó-, e iniciarse en la artesanía de la madera.

(Última actualización: 7 febrero 2005)

 

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Zoilo García

 

 

 

 

Nacido en el 1849, en la ciudad de La Vega, proveniente de un hogar humilde, conoció a su padre cuando era un hombre, su madre una mujer que para sobre vivir lavaba ropa en residencia de personas de sectores económicos altos.

 

Zoilo, la situación económica de su progenitora le impidieron ir a la escuela, creciendo siendo un iletrado, pero con un gran sentido de la responsabilidad. Trabajo desde muy temprana edad, sus ahorros de su trabajo evitó que su madre fuera desalojada de la casa donde Vivian, comprando entonces dicha vivienda

 

Ahorrando comenzó a comprar tierras, instalando aserradero, ya para el último cuarto del 1870, y principio de los 80, era considerado uno de los hombres más ricos de la Región del Cibao, fruto de un trabajo diario que se iniciaba cada día a la 4.00 de la mañana, hasta alta hora de la noche, cada día

 

En el 1892, previo acuerdo con el Estado Dominicano, Zoilo García, se compromete a secar, la laguna de El Ranchito, la que ocupaba en el Suroeste de la Ciudad todo lo que hoy comprende el Palacio de Don Zoilo, la Policía Nacional, el Palacio de Justicia, cruzando por el Barrio X, hasta llegar a Frito Lindo y la Campiña

 

Por ese entonces, la ciudad de La Vega, solo llegaba hasta ese entorno, luego del trabajo de Don Zoilo García, pudo esta ciudad crecer hacia esa parte. Para el año de 1896 se entontaba construyendo casas de madera por esos lados, ya para el 1897 inició la construcción del Palacio de Don Zoilo, el cual era una imitación al Palacio de Vesalles, de París y para su construcción fue contrato un arquitecto cubano de apellido Lagos.

 

Don Zoilo tenía dos aserraderos uno en lo que es hoy el restauran Frito Lindo y fue él que convirtió la calle María Trinidad Sánchez en una calle de tablas de madera para bajar por ahí con más facilidad los troncos de madera desde su tierras en Guaigui hasta sus aserraderos

 

A los finales del 1890, era delegado político, del Gobierno de Lilis, que seria hoy un gobernador, fue en el palacio de Don Zoilo donde Ulises Haereaux, durmió la última noche de su vida, saliendo de esta residencia en hora de la madrugada, saliendo a escondida hacia la ciudad de Moca, donde le aguardaba la muerte , se cuenta que Don Zoilo mandó unos 20 hombres armados para que le pretejieran pero él lo devolvió

 

Luego de la muerte de lilis, Don Zoilo García, se retira de la política y se dedica de lleno al comercio, llegando a ser, en el primer cuarto del 1900, el mayor exportador a Europa de Café, Cacao, Madera y frutos, que en el viejo continente eran preferidos a los del resto del mundo por su calidad.

 

Fue corresponsable de que el tren viniera a La Vega.

Fue en 1908 fundador y presidente hasta 1922, año en el cual falleció, de la Cámara de Comercio y Producción de La Vega.

 

En el 1917, inició la Urbanización de Las Carolinas en los terrenos de su propiedad, dicha urbanización lleva el nombre de Villa Carolina, en honor a su esposa la Sra. Carolina Almanzar.

 

El 2 de mayo del 1922, fallece en su hogar el General Zoilo García. Quien realizo innumerables obras en esta ciudad, a quien la sociedad vegana al igual que otras figuras que le han dada brillo, explandor y preponderancia lo han mantenido en el olvido.

 

Es una pena que la figura de Don Zoilo García, una de las principales calles de esta ciudad a la que él tanto hizo no lleve su nombre, pero más lamentable es que una pequeña calle de una cuadra en la urbanización Las Carolina, sea designada con su nombre y aún no hay sido rotulada.

 

La que fuera calle Independencia, hoy Profesor Juan Bosch, fue designada como Zoilo García, en fecha 24 de marzo del 1925 y la ceremonia de rotulación se efectuó el 12 de octubre de 1925, hasta el 1941, para complacer a Trujillo, los serviles de ese entonces la designaron como Generalísimo Trujillo, decapitada la tiranía trujillista, por Resolución del Cabildo Vegano de fecha 21 de noviembre de 1961, le quitan el nombre.

Dos años más tarde en 1961, vuelve a llamarse Zoilo García y el 1 de julio de ese mismo año el restituyeron el nombre por calle Independencia. (La Vega y sus calles de Mario Concepción, Fundación Pro Desarrollo de La Vega, Santo Domingo 1986, Pág.41 y 42)

 

Don Zoilo, tenía su residencia, en esa calle, frente al Parque Duarte, en lo que hoy fuera el local del Comité Municipal del PLD, en esta ciudad.

 

Entre las obras realizadas por este visionario del desarrollo de La Vega, pueden citarse;

Secó la laguna que impedía el crecimiento de la ciudad en su parte suroeste (desde el Palacio de Don Zoilo hasta la cigua)

Construye el Palacio de Don Zoilo, una edificación sin precedente en La Vega, en esa entonces

Fue el primer gobernado de la provincia de La Vega

Fue el mayor exportador de Frutos y Madera que haya tenido La Vega, en todo su historia

Fue el fundador en 1908 de la Cámara de Comercio y Producción de La Vega, de la cual fue su primer presidente desde 1908 hasta 1922

Fue General del Ejercito Dominicano

Co-responsable de la llegada del tren a esta ciudad

Envió a Europa a sus hijos a estudiar, en esa época

Delegado Político del Presidente Lilis, en La Vega

Urbanizo la parte este de la ciudad, responsable del crecimiento urbanístico de esta ciudad en la parte este y sureste.

 

 

Nota.

Sea usted quien lea esto, que haga un juicio si realmente el nombre de Zoilo García, merece que una de las principales vías de comunicación de la ciudad de La Vega, en la República Dominicana, deba llevar su nombre, quien escribe esta nota, solo no cabe de tratar que se reconozcan los meritos de aquellos que han realizador obras en beneficios del desarrollo, la cultura, el arte, las letras de la colectividad vegana en general.

 

Emita sus consideraciones sobre el y háganoslos saber.

 

Fuentes:

Ubaldo Solís

La Vega, Rep. Dominicana

usolis4587@gmail.com

usolis10@yahoo.es

ubaldo.lv47@hotmail.com

VEGANISIMO www.lacomunidad.elpais.com/usolis4587

EL SOLITARIO DE LA VEGA www.lacoctelera.com/uval

DESDELAVEGARD www.desdelavegard.blogspot.com

Lorenzo Despradel Alvarez

 

 

 

Lorenzo Despradel, “espíritu inquieto, liberal, enamorado ferviente de la libertad y la justicia”, no fue sólo el amigo íntimo y secretario de campaña del Generalísimo Máximo Gómez en las guerras por la independencia de Cuba. Combatió con las armas y con la pluma, además, las dictaduras de Ulises Heureaux, de Gerardo Machado y la ocupación yanqui al país en 1916. Se destacó como vigoroso y fértil periodista y excepcional literato cuya obra quedó dispersa, alguna inédita, entre Santo Domingo y La Habana. También ejerció el magisterio en una breve estancia en Guayubín.

            Su nombre no se encuentra únicamente en el rótulo identificando la calle que merecidamente hace homenaje a su memoria en Los Prados, sino en los miles de artículos, editoriales, reportajes y noticias acreditados con su firma en los numerosos periódicos y revistas que dirigió, de los que fue redactor, corresponsal o simple colaborador en los insuficientes cincuenta y seis años de existencia vividos con la intensidad de su temperamento emprendedor, activo.

            Estudio y trabajo caracterizaron sus días a los pocos años de llegar al mundo en La Vega, el seis de septiembre de 1872, hijo de Anacleto Despradel (Estín) y Desideria Suárez. Julián Lorenzo, mejor conocido por Muley, recibió sus primeras enseñanzas en Dajabón, donde se trasladó a vivir la familia debido a los quebrantos de salud del padre. El maestro cubano Eugenio Aguilera lo entregó a los nueve años a doña Desideria (Yeya), con estas palabras: “Todo cuanto sé lo he enseñado al niño”, recordaba Guido Despradel Batista en 1972, en la revista Renovación.

            Con el progenitor aun más enfermo, Muley volvió al pueblo natal, recibiendo avanzada instrucción escolar del venezolano Señor Pardo, para luego ingresar a la escuela que dirigía el puertorriqueño González, donde fue su maestro Miguel Casimiro de Moya (Don Bimbo).

            Entonces puso de manifiesto su amor por el periodismo, preparando periódicos manuscritos que ponía a circular entre los vecinos. Al mismo tiempo trabajaba en la imprenta de don Pedro Bobea y en la casa comercial que dirigían Horacio Vásquez y Rosendo Grullón”, añade Guido.  Su pasión por la justicia “chocó con los anacronismos y concupiscencia reinantes en aquella época”, refiere el pariente, por lo que ganó la ojeriza del Gobernador. Los padres decidieron enviarlo a Guayubín, al lado de su hermano Fidelio. Fue maestro de escuela, secretario del Comandante de Armas y de la Alcaldía..

En Cuba

            “Cuando se sentía ya asfixiado en aquel ambiente estrecho alcanzó a oír la voz de Martí que predicaba por la vehemencia de la libertad de un pueblo hermano”, narra Despradel Batista. Muley decidió acompañar en su lucha a la hermana Antilla y después de burlar el recio espionaje de Haití, simulando ser negociante de tabaco, logró embarcarse y pisó tierra cubana por las costas de Santiago de Cuba.


            Comenzó la batalla como simple soldado bajo el mando directo del Generalísimo. Luego fue subteniente, capitán, su secretario particular y al concluir la contienda emancipadora lucía el grado de Comandante del Ejército Libertador.  Sirvió entonces a Cuba en cargos públicos y a través de la prensa. Se incorporó allí al Partido Liberal y dirigió el diario La Opinión.

            Desde Cuba preparó una expedición contra Ulises Heureaux, en compañía de los militares cubanos coronel Piedra y Bergés, que fue detenida en el puerto Gíbara, según Despradel Batista. A la caída de Lilís vino a la República y cooperó con el Presidente Juan Isidro Jiménez. Volvió a Cuba y al subir Machado retornó a Santo Domingo para dedicarse de lleno al periodismo. Aquí enfrentó a los yanquis publicando artículos de protesta con el pseudónimo de Hatuey. Colaboró con El Liberal y El Día, fue redactor principal de La Cuna de América, director de Renacimiento, redactor de Las Noticias.  En El Siglo, con sus Puños y Regatones escritos con el pseudónimo de Crispín, realizó la labor periodística de carácter humorístico más original.

            Lorenzo Despradel, Muley, dejó publicados los folletos La falsedad de nuestro origen latino, en La Habana, y Páginas, en la República Dominicana. Quedaron inéditos los libros La garra del águila y Los dominicanos en la guerra de Cuba.

Recuerdos Familiares

            María Estela Despradel Hernández es depositaria de la genealogía, documentos y antiguas pertenencias de los Despradel que recuerda con lucidez el meritorio historial de sus antepasados. No conoció a Muley, su tío-abuelo, hermano del abuelo Fidelio Arturo, pero conserva las narraciones que en torno a su ilustre pariente le hacía el papá, don Roberto Luis Despradel Pennell.

            “Muley era oscuro, de facciones muy finas, nariz perfilada. Casó con tía Carmen, hija de una negra liberta de La Habana, Clementina, y la trajo a vivir aquí con él”, narra María Estela. El matrimonio no procreó hijos. “Pero Muley tenía un perrito, Halley, como el cometa, que papá decía: ese es el hijo de Muley”, comenta la locuaz dama en su español perfecto que a veces deja entrever el acento de los variados idiomas y giros gramaticales de otras lenguas, pues la señora vivió fuera de la Patria desde los tres años hasta 1963 debido a los variados cargos diplomáticos que desempeñó don Roberto Luis quien junto a Rafael Estrella Ureña y Rafael Vidal llevó a Trujillo al poder, en 1930. Ocupó varios cargos hasta 1949, cuando renunció siendo embajador ante la Santa Sede, narra.

            María Estela guarda con increíbles cuidados y celo la foto que Muley  dejó a su padre junto a los cuatro cabos de vela que iluminaron el ataúd de Máximo Gómez, así como fotos, reseñas, cartas, manuscritos de su padre colocados primorosamente en variedad de álbumes. Hasta hace poco tuvo en su poder las memorias inéditas que el Libertador de Cuba dictó a Muley, anotadas por su padre con las acotaciones del hermano.

            “Muley era un buen periodista, intelectual, un gran corresponsal, escribía en La Prensa, de Buenos Aires. Me platicaba mi hermano mayor que cuando iba con mamá, Isabel Hernández Lapuente de Despradel, a visitarlo de noche, admiraba su cerebro pues estaba platicando con mamá, con tía Carmen y con doña Clementina, escribiendo el artículo y jugando solitaria. Era un cerebro privilegiado, culto”, expresa.

            Agrega que recibía cantidad de amigos intelectuales en su casa de La cuesta del vidrio, pero su más cercano era Marcos del Rosario, a quien crió un hijo, Marquitos. “Era ocurrente, buen conversador, decente, honesto, buen amigo. Mi padre me comentaba que enfermó y lo operó el doctor Ramón de Lara y algo ocurrió con la anestesia, que le falló el corazón”.

            Murió el veintiocho de julio de 1928. Sus restos, expresa doña María Estela, descansan en el antiguo cementerio de la avenida Independencia identificados por una placa que expresa: “Coronel de la guerra de Independencia de Cuba”.

 Fuentes: Angela Peña

María Montez una desconocida en su tierra

POR RAMON MELENCIANO*
María Montez, dominicana nativa de Barahona que actuó en numerosas películas de Hollywood
Hace una semana estaba me encontraba en la ciudad californiana de Los Angeles, y estando en un restaurante una joven me pregunta de que país soy y yo le respondí de la República Dominicana, pero antes de explicarte en donde esta mi país ella exclamó «sí, en donde nació María Montez» y le repliqué sí ¿La conoces?.

Seguimos conversando, pero gracias a los conocimientos adquiridos sobre la actriz dominicana a y traves del emabajador Morales Lama y su esposa, puede ampliar los conocimientos que la joven aspirante a actriz tenía sobre una artista idolatrada en el mundo y desconocida en su país.
Según la biografía titulada «María Montez. Su Vida», escrita por  Margarita Vicens de Morales, la actriz  debió pelear por un puesto en Hollywood y se impuso en un medio hostil y desconocido.

Sin embargo, destaca que ella era una mujer intuitiva, sencilla, alegre, muy segura de sí, que se inventó un increíble pasado para convencer a todos.

Montez nació en la sureña ciudad de Barahona, en 1912 y murió trágicamente en París en 1951 despues de triunfar en el mundo entero. Su nombre verdadero era María Teresa Gracia Vidal.

Margarita Vicens señala que María Montez fue un verdadero mito y que existen muy variadas  historias alrededor de su vida.

Contrario a la leyenda que ella creó, Montez no tuvo una infancia dorada y una familia diplomática.

La actriz nació en un hogar de clase media, de padre español comerciante y madre mulata. A los 20 años, cuando su gran belleza no cesaba de afirmarse, se casó con un banquero irlandés mucho mayor que ella , dijo Vicens.

La biográfa agrega que María Montez viajó durante más de siete años por Haití, Puerto Rico, y Cuba.  A los 27 años se  divorció y se fue a Nueva York, y un año después se trasladó a Hollywood para dedicarse a comenzar su carrera en el cine, su verdadera pasión desde pequeña.

Su carrera fue fulgurante y breve, en nueve años trabajó en cerca de 20 filmes. Pese a interpretar papeles estereotipados en película muy comerciales, de tipo exótico (Ali Baba y los 40 ladrones, Tánger, Sudán, Noches de Arabia, etc.) tuvo mucho éxito entre los cinéfilos del mundo entero.

Montez y la brasileña Carmen Miranda, que inició su carrera antes, fueron las actrices latinas más populares, pero la dominicana dominó en los años del Hollywood dorado, en la década  de los años 40, señaló Vicens.

Además de actriz, la Montez, era combativa e inteligente. Escribió libros, artículos y poesía.

Fue apegada a sus familia y amigos, llegando al punto de traer a Hollywood a su cuatro  de sus hermanas y varios hermanos, aunque ninguno hizo una carrera cinematográfica.

Montez se casó con el actor francés Jean Pierre Aumont, viajó a Europa con este y vivió en Francia e Italia una segunda etapa de su carrera, durante la cual interpretó sus mejores papeles.

Entre esos filmes se destacan El Ladrón de Venecia , rodado en Italia bajo la batuta de John Brahm, y  Pasiones prohibidas, del francés Bernard Roland, con Erik Von Stroheim y Pierre Brasseur, probablemente su mejor filme, ambos rodados en 1950.

Como le sucede a las grandes estrellas del espectáculo, María Montez murió tragicamente en su bañera, de una crisis cardiaca, en 1951, cuando estaba en la cuspide de su carrera y días antes de retornar a Hollywood donde era reclamaba por los famosos y poderosos del cine.
*EL AUTOR es periodista.