El devastador ciclón de San Zenón PDF Imprimir E-mail
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Santo Domingo (OF).-Un día como hoy (3/9/1930) nuestro país fue azotado por un devastador ciclón, cuyo ojo céntrico atravesó la ciudad de Santo Domingo y la dejó totalmente arrasada.

Ese día en horas de la tarde, un pavoroso huracán con  furia apocalíptica hizo estragos en la vieja ciudad, dejando a su paso más de 2 mil muertos y quince mil  heridos, así como barrios y parajes completamente destruidos.

El huracán de categoría 2, de menor dimensión atmosférica que otros que han pasado después por esta primada ciudad del nuevo mundo, pudo destruir lo que encontró a su paso debido a que para entonces la ciudad estaba cimentada por viviendas construidas principalmente con madera.

Sin embargo, la feroz masa gaseosa que pasaba veloz y aterradora por nuestra capital ese aciago día, probablemente nos anunciaba lo que el país padecería bajo la batuta de quien posteriormente se convertiría en amo y señor de la república, de sus tierras, de su ganado, de sus sembrados, de sus industrias y hasta de sus mujeres.

 

Ese año, meses antes, Rafael Leonidas Trujillo había sido “electo” presidente de la república mediante el sufragio universal.


Situación imperante después del ciclón

Debido a la carencia de una infraestructura adecuada, la ciudad quedó prácticamente bloqueada. Las inundaciones destruyeron carreteras y puentes y el hambre y la desesperación cundieron en la población.

Mientras barcos de guerra provenientes de varios países acudían al país con auxilios diversos, las masas se lanzaban desesperadas a las embarcaciones en busca de la ayuda necesaria para la supervivencia propia, la de sus hijos y familiares más cercanos.

Los conocimientos en el plano sanitario estaban en pañales.  La ingesta de agua y comida contaminada hacían estragos en la población. La carencia de medios de comunicación adecuados era un obstáculo para la aplicación de una pronta y masiva campaña de orientación general, por lo que la desinformación se constituía en una rémora que se expresaba en muertes y calamidades catastróficas.

El hedor de los cadáveres creaba contaminación y epidemias. Cientos de ciudadanos y ciudadanas eran enterrados en fosas comunes y otros cremados en lugares distantes al centro de  la capital. Era necesario tomar medidas salvadoras, por lo que en ese momento hizo su aparición quien luego fungiría como gran timonel de la república.


Trujillo irrumpe en la escena

Al momento de penetrar el fenómeno al país nos agobiaba una grave crisis económica.

Meses antes había sido “electo” por el voto popular quien posteriormente se convertiría en el más sanguinario dictador de la historia de nuestra república, un hombre que pretendía poner freno a las asonadas y al caudillaje  imperante.

 

Trujillo aprovechó la catástrofe natural para afianzar su dominio. Con tal propósito, instó al Congreso Nacional a suspender las garantías constitucionales y se otorgó poderes extraordinarios para tomar todas las medidas necesarias que permitieran el inicio de la recuperación nacional.

Trujillo, para borrar la imagen de insolvente que  se podría reflejar desde el país por la horrorosa debacle, aseguró al Departamento de Estado de Estados Unidos que estaba dispuesto a pgar la deuda externa.

Esa aclaración del dictador en ciernes respondía a las inquietudes del funcionario norteamericano Ormes, quien tenía a su cargo la Receptoría General de las Aduanas y consideraa que “el gobierno dominicano estaba incapacitado para continuar con regularidad los pagos proporcionales a la deuda extranjera, y en tal virtud ponderaba sugerir a las autoridades norteamericanas que concedieran una moratoria que evitara la muerte por asfixia económica  al Estado dominicano”.

Trujillo pagó la deuda, aunque a costa de la sangre, el trabajo, el sudor y las lágrimas del pueblo dominicano.

Hoy, 77 años después de ese fatal acontecimiento, debemos recordar el ciclón de San Zenón como la irrupción de un fenómeno natural que destruyó los cimientos de nuestra vieja capital y catapultó el inicio de la dictadura de Trujillo.